Gastón Santos obtuvo un apéndice; el colombiano Andrés Rozo, ovación y Horacio Casas dividió opiniones. Ellos frente a ejemplares, de a uno por rienda, procedentes de Puerta Grande.

El poder: con los toros, de convocatoria y comunicación, es un reflejo fiel de como el rejoneador navarro se prodiga en cada actuación, no obstante el número de aficionados que se congreguen; esta vez, unos tres mil que llenaron la plaza de admiración y buen ambiente.

Tras la muestra de caballos a la alta escuela a cargo del ballet ecuestre local, se desbordó el entusiasmo ante la presencia de Pablo, encabezando el festejo de rejones.
La gracia de parar al toro de salida, llevado milmétricamente a la grupa y recortarlo en los medios fue el punto de partida para que tras un rejón de castigo se diera el lujo de templar la embestida del burel en una Pirueta sobre las manos a dos pistas, cambiar el sentido del viaje en una Trincherilla y agregar sus patentadas Piruetas en la cara del toro al girar 380 grados sobre las patas del corcel lusitano.

Vamos Papito se escapa una femenil voz desde el tendido. Vamos Guapísima respondió Hermoso de Mendoza, provocando la hilaridad de los asistentes.
Banderillas largas en distintos terrenos y tres cortas Rodando en torno al Cucopeñense y para mantener el ritmo en redondo, la suerte de El Teléfono ante el delirio del público.
Rejónazo ligeramente contrario suficiente para recibir las dos orejas.

En cuarto lugar enfrentó a otro bravo ejemplar de Cuco Peña, que se enteró pronto de la presencia de Guru, caballo negro debutante y, de nueva cuenta un sólo fierro de castigo.
Ahora con el retinto cubrió banderillas, pero el momento culminante de la faena vino con Dalí en sus cites a la grupa y en campo abierto dando todas las ventajas al emotivo toro. Un par de Piruetas sincronizadas con el galope del Cucopeñense hicieron que el público ovacionara de pie a Pablo.
Cortas y a dos manos hasta sujetar con las manos los pitones prendieron nuevamente en los admiradores. Y cuando todo estaba puesto para redondear la tarde vino una serie de pinchazos que fueron guardando los pañuelos.

El tamaño peso de la figura se reflejó en los tres alternantes. Gastón Santos tuvo que exponer al máximo para reponer tiempo y espacio en cada suerte, no sin antes sufrir un rayón en el anca de su cabalgadura. Siempre de frente, de las tablas hacia medios, aguantó las Batidas en banderillas; sus banderillas cortas fueron muy comprometidas y de rejonazo contrario despeñó al bravo, como en general fueron los de Puerta Grande, para llevarse una oreja.

Andrés Rozo sorprendió en sus manejo de rienda sobre los caballos de Paco Barona. Y aunque adelantaba en tiempos los Quiebros siempre se mantuvo en la jurisdicción del toro. Sus banderillas salían rebotadas por lo romo de los arpones. Pinchazo y echar pie a tierra; un descabello y a ganarse la ovación.

Horacio Casas quiso emular al maestro desbordándose en entusiasmo, y desatendiendo los terrenos provocó la herida en un anca al montar caballo para banderillas. A partir de ahí la presión de apoderó del caballista y más, al descordar al de Puerta Grande dividiendo opiniones.

Por lo demás, el festejo de rejones que se planea tradicional, ha resultado todo un éxito de organización con Barona y Salvador Rojas al frente, para agradecer, mediante un reconocimiento, al rector de la Universidad Autónoma del Estado de México su apoyo, al fin en beneficio de la institución mexiquense.
En tanto Pablo Hermoso de Mendoza enarbola la bandera de idolatría.

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Foto y Video: Julián Herrera

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