….porque paradójicamente en la fiesta la presencia latente de la muerte, es parte huesuda de la vida torera, esa a la que tan ligados y fueron a su encuentro por decisión propia aquellos grandes de verdad como Ernest Hemingway, Juan Belmonte, David Silveti, que en tercia de lujo, muertos viven para la eternidad, mientras en este mundo de oropel, de vez en vez, pasan lista de presentes, los que en el toreo están más vivos que nunca, verbo y gracia Julián López Escobar, aquél chaval nacido en Madrid en 1982, donde da los primeros lances de vida en el Barrio de San Blas, para luego avecinarse en Velilla de San Antonio y de ahí en 1993 presentarse públicamente en Villamuelas provincia de Toledo, que es el pueblo de su madre desde donde se proyecta al mundo para convertirse en uno de los toreros más poderosos, vistosos, artista, técnico, valeroso de la historia de la tauromaquia, la cual a lo largo y a lo ancho de su historia no se podría entender sin el sello de este madrileño que es hombre de luces comprometido con él mismo y con su tauromaquia y señaladamente con todo aquello que atañe a la Fiesta Brava dentro y fuera de los alberos, y ya que de baranda he tocado el término compromiso, esa fue la tónica con la que una vez más o tan renovadamente Julián López salió a la plaza mayor, a decirnos que puede haber toreros de otros talantes junto de él, pero sea cual sea su jerarquía ‘Juli’ no permite que nadie le vaya un paso por delante y por ello en ésta sexta del último domingo de noviembre dictó una cátedra de lo que es ser primerísima figura del toreo comenzando por torear un toro que era eso, precisamente un burel, que más allá del trapío traía adentro otras cualidades y que el hijo de Don Julián y de Doña Manoli, hizo que le florecieran a su máxima expresión, lo cual no es nada fácil, pues los enterados y máxime los que visten de ‘focos’, saben que torear un toro bueno, es algo reservado solo para los buenos toreros y si en la tarde de referencia le agregamos ya con el triunfo en la buchaca y con la vida resuelta en todos aspectos, el español salió a jugarse el físico ante otro toro que ese si pedía sangre y quería vender cara su comparecencia, ante eso no nos queda más remedio que seguir asombrándonos ante la honradez de éste ‘jabato’ el cual como no queriendo, en la sencillez, que es un rasgo de la hermosura o más bien la pureza de su obra, nos dijo que entre lo que él torea o más bien borda y lo que hicieron sus alternantes existe un mundo de diferencia y eso que nuestros coterráneos anduvieron digno y hasta enjundiosos, cada uno en su estilo, pero en el toreo como en la vida hay niveles o clases sociales, como también las hay entre los toros, por eso, los de la parte abridora de los Encinos, que fueron extraordinarios, no tuvieron nada que ver con los de la cerradora de la misma divisa y por ello solo acotar que aunque de lo bueno hubo mucho, la tarde no fue del todo completa, así que hasta aquí, completo el encargo de charlar a través de la palabra escrita, no sin antes agregar el que estoy seguro que usted quisiera saber cual fue la razón para que en un cartel en donde estaba un grandioso como López Escobar y dos promesas sólidas como Arturo Saldivar y Diego Silveti, ¿Por qué encajaron a una novillera Mónica Serrano que mato a uno de Santiago a upa y con ello convirtió el festejo en mixto?.
Porque a estas alturas NO me trago el cuento de que ‘El Juli’ necesita quién le abra plaza y si así fuese. ¿Por qué no trajeron a un rejoneador con alternativa?…
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