La tarde sabatina naufraga con el desesperante, manso, descastado y falto de raza, encierro de Bernaldo de Quirós, con su mansada acostumbrada. Con la peor entrada en años para una tarde inaugural, la Plaza México camina con rumbo desconocido, por el sendero de la autocomplacencia y la falta absoluta de grandeza. Pese a la oreja regalada, Manzanares muestra su enorme clase y capacidad con el insulso quinto al que mata fatal. “Zotoluco”, en horas bajas y en plena liquidación, desperdicia el único astado que desplaza mejor mientras Talavante queda varado y absolutamente sin opciones.
Solía decirse, antiguamente, que los toros de Palomeque “ni en bisteque”, la ganadería yucateca que en los años treintas, cuando venía a El Toreo, se refería a ella como “El Coco”
O aquello otro que decía: “De Peñuelas… ni los huelas.”
Hoy, no es guasa, tristemente, debemos de decir que los toros de Bernaldo… ni pa’l caldo.
La nueva era de la Plaza México, quizá la nueva época de la Fiesta en este país, encuentra en su primer paso, el primer tropiezo. Porque todo este invento de quitar la tipografía clásica de “Plaza México” o traer nuevas butacas, el bar en la rampa de la Plaza, la escultura ecuestre en una de las entradas o el nuevo formato sabatino y, un tanto ferial, es solo el cascarón. Lo real, el fondo de las cosas, es el desastre, esta vez con el bernaldazo de cada año.
El premio para esta ganadería de tantos tumbos, de tanta mansedumbre, es lidiar cada año en carteles de lujo, ahora, el honor es abrir temporada, la otrora Regia Inauguración, a la que tanto intento de innovación deja en apenas un tercio de entrada, con los precios en las nubes y el toro por los suelos. Esa es la preocupación, nuevas formas pero mismos vicios, poco aliento al real cambio, que más que aquello, debe ser el regreso a la base de la Fiesta: el Toro.
Esta vez es su falta de bravura, o sea, por su mansedumbre.
Tres primeros, tres castaños huyen del caballo nomás verlo. Y no los disculpemos. Desde su alumbramiento, el toro bravo se somete a pruebas, castigos, pérdidas, decisiones: nace y lo primero que recibe del mundo es un golpe de realidad. Es una desgracia que un torazo como este salga como lastimado de los cuartos traseros, mansee y además se frene. Esto, sumado a las peores dudas, mañas y telarañas de “Zotoluco” se explica perfecto que las fuerzas perdidas no las recupere el torero que ya no se queda quieto, tapa al manso encimándose y ni por casualidad alcanza a pegar, siquiera, un muletazo completo.
Pensemos que ha sido el toro.
Si es así, donde ha sido, completa responsabilidad de él, es en el cuarto.
En una moruchada como esta de Bernaldo de Quirós, cuando sale un astado como el cuarto “Grego”, de pelaje negro, que sale y toma los lances de hinojos de largo, hay que sujetarle y no dejarle ir por el ruedo sin mayor mando. “Zotoluco” va por lo fácil y deja pasar en las chicuelinas en los medios, vaya diferencia entre aquellas que le recetó a aquel torazo salinero “Prestigios” de Julio Delgado una tarde lejana de Diciembre de 2001.
En plenos medios y sin moverse.
La danza aquí prosigue.
Lances mas que al paso, al salto, rematados con horrible serpentina de la cual, como no alcanza a rematar por seguir saltando, es desarmado y entablerado, de milagro se salva de un percance y, por supuesto, no deja en suerte. Nacho Meléndez le puede al manso en el caballo y, tras tercio de banderillas batallador, Christian Sánchez, un tanto benévolamente, saluda en el tercio y la cosa queda caliente.
“Zotoluco” lo sabe y toma la fácil, la de rodillas por alto y el manso escapa.
Como en el primer tercio.
Y de ahí, con tanto toque afuera, tanto salirse de la suerte y reponer entre cada pase, su incapacidad para quedarse quieto y la ventaja de aprovechar el viaje, López es doblemente desarmado, enganchado otras y descolocado varias más con el toro hacia la querencia y él, falto completamente de sitio. Derrotado, sin más que ofrecer, echa la culpa a un toro cuyos viajes largos y menor debilidad, aun manso, da opciones. Pitado es con la dureza de estos casos. Falla con el descabello, llega el aviso y la urgente despedida, para bien de todos.
Entre todas estas faltas de lesa majestad, toro ausente y declinante torería, queda otorgar la amnistía, por solo un momento, a José María Manzanares, por fundamental y señorial proceder, por siempre estar por encima de la pésima condición de sus toros.
Primero ante el peligroso segundo.
Luce en los lances pese a los cabezazos y la rebolera, en el sometimiento por el lado derecho, donde es capaz de insistir con la muleta hasta incluso hacer pasar a un toro sin casta que rebrinca y rasca, trata de escapar desde su aparición en el ruedo sin jamás emplearse ni tomar el engaño completo. José Mari logra casi el milagro que privan de premio el genio, el imposible pitón izquierdo y la estocada caída.
Solo saludos en el tercio.
Entonces salta un cárdeno claro, alto, bocinero, fino de hechuras pero con demasiado nervio por irse, escurrirse de las suertes. Manzanares echa para adelante, soporta, con sus esforzadas verónicas tras parar al manso, el arreón y el cabezazo, se derrumba la embestida al solo sentir la tela. Entonces, el caballo en mala colocación se derrumba cuando el manso hace de las suyas y protesta, esto que no confunda al personal pues es tan solo la manifestación de la mansedumbre.
“Suso”, en su debut con Manzanares, destaca en el segundo tercio y el alicantino tiene una doble asignatura: no derrumbar al débil cárdeno pero poderle a su protestona y corriente condición que cabecea, rebrinca y dobla contrario cuando se puede, si pasa la prueba podrá ligar aunque poco dure el toro.
Y así hace.
Tras inicio alternado donde destaca en el de trinchera, Manzanares se la juega desde la primera tanda. Sí, el manso, de no imponérsele puede desarrollar a mal, por ello arriesga al bajar apenas la mano en los derechazos y pase tras pase colocar en el sitio exacto la muleta, sin esta estructura, todo se habría derrumbado. Incluso, ante el horrible cabezazo que descompone el derechazo, responde en el sitio, perfecto, castigador y acariciador, con el trincherazo.
Ahí comienza el desencadenamiento de la mano izquierda, en cadencia trenzada, acompañada de perder un paso primero, quedarse quieto después y trazar primero a media altura, luego tirar a la cadera por abajo, el majestuoso pase natural, en doble tanda que tapan por rítmicas y extensivas, por sutiles y perfectamente rematadas arriba, la ínfima bravura y terrible mansedumbre del toro.
Solo que el arte emborracha.
Y engolosina, pasa de faena el torero que, tras intercalar nuevos derechazos rematados con soberbio cambio de mano por bajo, arranca la ultima tanda de frente con la izquierda, lento, cerca de tablas y con la espada en mano, uno en redondo parece no acabar y brinda así la mayor alegría del festejo a La México. Así como la mayor decepción con el bajonazo y el primer ramalazo de la Temporada de Jorge Ramos que regala un trofeo.
Menos mal, José María se olvida de la oreja y hasta los machos de la hombrera regala en la vuelta.
A la vuelta decembrina y a la par de Dios, torero.
Sin suerte, Talavante se nota visiblemente desilusionado por esta malísima y frustrante mala racha en los sorteos. Salvo los toros de Campo Real, de varios años para acá, no funcionan los lotes del extremeño. El castaño tercero se rompe a la segunda tanda con la derecha y el sexto, con el literario y glorioso nombre de “Balzac”, ni para consomé le sirve pese a su disposición y clase capotera, en la verónica y en el lance de Jesús Córdoba, o su proverbial quietud con la muleta.
Nada, como diría el propio Balzac, la resignación es el suicidio cotidiano.
Esperemos no sea así el resto de la Temporada que mucho me temo la partida está cuesta arriba, con los vicios tan arraigados en empresas, ganaderos y sobre todo toreros, incluso, a pesar de esta amnistía manzanarista.
Que sea la excepción, nunca la regla.
Texto: @CaballoNegroII.
RESUMEN DEL FESTEJO.
Plaza México. Temporada Grande 2016-2017. Sábado, Noviembre 12 de 2016. “Corrida de Inauguración”. Primera de Derecho de Apartado. Un Tercio de Plaza en tarde fría de cielo nublado y con viento sin llegar a molestar la lidia. El toque de cuadrillas se realiza con cinco minutos de retraso luego de la presentación del espectáculo ecuestre “Morerías”, mal trazadas quedaron las rayas del tercio al poner en condiciones el ruedo.
El festejo se celebra en contravención al Artículo 47 de la Ley para la Celebración de Espectáculos Públicos en el Distrito Federal al no contar la categoría de Matadores de Toros con la mayoría de nacionalidad mexicana requerida. La Autoridad que preside, además de iniciar la corrida con retraso, equivoca al juzgar mal la petición al finalizar la lidia del quinto, así como en premiar exageradamente al segundo espada en tal turno.
6 Toros, 6 de Bernaldo de Quirós (Divisa Obispo, Verde y Rojo) variopinta y dispareja de presencia, con cabeza la mayoría. Los tres primeros castaños: retacado el primero, precioso de tipo, no obstante arrastrar los cuartos traseros sin que la Autoridad le devuelva, al parecer presenta una cornada arriba de la pata derecha, manso y sin fuerza alguna; manso y peligroso, principalmente por el pitón izquierdo el segundo, geniudo y tardo, siempre a la defensiva es picado en la querencia; insulso por desrazado y regateador el tercero. El cuarto, negro, enmorrillado y fino de hechuras, pese a su condición mansa, se desplaza largo aunque por momentos con la cara arriba y acaba en tablas gracias a la lidia otorgada. El quinto, con una mansedumbre escandalosa pese a tirar a la cabalgadura, alcanza a mejorar en la muleta dada la perfecta colocación de los engaños y el temple de su lidiador. Terrible el sexto, el más serio, largo y cornalón, manso y áspero, carente de toda sustancia.
Toda la corrida, pitada fuertemente en el arrastre.
Eulalio López “El Zotoluco” (Azul Noche y Oro) División y Pitos tras Aviso. José María Manzanares (Azul Mediterráneo y Oro) Saludos y Oreja con Leves Protestas. Alejandro Talavante (Esperanza y Oro) Palmas y Silencio.
Exagerado, por improcedente y sensiblero, saludo al tercio de Christian Sánchez luego de banderillear al quinto. Destaca a la brega y en banderillas, además de siempre bien colocado Jesús Miguel González “Suso” de la cuadrilla del segundo espada.
Al terminar el Paseíllo se tributa merecido y sentido minuto de aplausos en memoria del periodista taurino Ernesto Navarrete y Salazar “Don Neto” fallecido el pasado lunes, decano de los cronistas taurinos.
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