y que por el amor al Santo Niño de Atocha nadie me vaya a salir que por ‘Hacer Fiesta’, ‘Que por dar una enésima oportunidad a los veteranos’, ‘Que porque la afición quiere ver toros a como de lugar’, ‘Que porque había que cumplirles un contrato a los toreadores’ ¡No, no, no! que nadie ni siquiera imagine eso, bueno no se permitiría ni una insinuación en ese sentido ni a los jilgueros de los promotores porque si es así no tendrían más remedio que tomar el metrobus línea 1 que corre de Indios Verdes al Caminero en dirección sur y pasando la Plaza de Toros de Arroyo bajarse en la siguiente parada que es Santa Ursula y una vez apeados con su programa bajo el brazo y su boleto guardado de recuerdo dirigirse al Hospital Siquiátrico Fray Bernardino y solo dígale al portero ‘Yo creo que la corrida 20 y la que viene en la Plaza México, se están dando en apoyo y difusión a la Fiesta Brava y sin otro interés que no sea el taurino’ con eso bastara para que el ‘poli panzón’ a Porta Gayola lo reciba y sin más tramite lo enchiquere de aquí hasta la próxima temporada, ¡Ah! Una recomendación no trate de ahondar más sobre los motivos por los que se dio el festejo porque entonces y con toda razón el polizonte va a pedir refuerzos y se le van echar encima hasta enfundarlo en una camisa de fuerza de la que no se va a librar en un buen rato y si debo de advertirle que si a pesar de todo ello se le ocurre decir a usted que la empresa no sabia cual iba a ser el resultado en todos sentidos correrá el grave riesgo de que lo aíslen o vaya a dar al pabellón reservado para pacientes extremos y si aún peor sigue vociferando al grado de echar porras y aplaudir el taurinismo de los regidores empresariales le van a meter unos ‘shoks’ eléctricos después de los cuales va quedar tan tocadiscos como para que un día de estos usted y yo alternemos escribiendo al alimón una crónica.

¿Por qué entonces se dio la corrida? ¡Ay! Señores si yo entendiera de este negocio llamado Fiesta Brava, de pagos por derechos de trasmisiones televisivas & radiofónicas y de muchas otras cosas, pues con gusto les contestaría pero mi inocencia no me da para suspicasias……

Y solo por no dejar de plano a un lado lo taurómaco, si manifestar la enorme pena, tristeza, ,desilusión, desencanto, frustración y hasta muina que me causo a mi menda y seguramente a quienes heroicamente se arrimaron hasta el ‘Embudo pasado por agua’ constatar el inverosímil hecho de que a un torero con arte, con clase, con voluntad, con pellizco, con aroma, con temple, con valor, con magníficas hechuras, con seriedad y aún con muchísimo que dar todavía como lo es Alberto Espinosa El Cuate se le haya olvidado, relegado, abandonado, desperdiciado, no obstante lo que rubricó la temporada pasada lo cual le valió sorbete a los formadores de carteles y hasta ahora se le programó, en verdad ¡Que Pena! Porque en El Cuate Espinosa se encierra un torero que en una tarde soleada, animada, con toros a modo, de principios de temporada hubiera confirmado lo que trae por dentro y a estas altura en lugar de lamentarnos estaríamos eligiéndolo entre uno de los grades triunfadores de la temporada.

Y al torero ocontlanqueño Humberto Flores al igual que al potosino Marcial Herce pues solo manifestarles que se les acompaña en su estado de ánimo el que seguro, no es el óptimo por que por el aguacerazo, por las circunstancias o por lo que haya sido, todo se les deslavó y ahora solo el tiempo dirá que les depara el destino.

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