Sí, hubo unas orejas protestadas que se dieron, pero sólo confundieron más a todos. De pronto el señor Castella decidió regalar un toro, en lo personal, yo no concuerdo con ese tema porque percibo en ello una ventaja de quién puede realizar el regalo sobre sus alternantes, pero…hubo que esperarlo y cuando salió el toro de don Pedro Garfias también salió la casta y la bravura, que llegó acompañado de clase, calidad, recorrido, codicia y emotividad.
Elementos fundamentales en el toro que parecían un bien olvidado, y ese hermoso castaño cuatreño nos recordó que la casta y la bravura existen. Sí, efectivamente ahí estaban resumidas en ese gran victorioso toro.
¡Vaya toro y enhorabuena para el ganadero y su amada esposa!, todos sus desvelos ahí estan siendo recompensados.
El toro auténtico que permitió lucir a raudales a Sebastian Castella, quien al final cortó dos orejas. Mientras que al gran toro, un juez faltó de justicia sólo le daría un arrestre lentó cuando la gloria de la casta y la bravura le merecian la gloriosa vuelta al ruedo.
Sumamente emocionado llamé a Pedro quién se encontraba en su ganadería brava en compañía de Marysol y sus hermosas pequeñas, y me pidió les narrara lo que para mí era un gozo insoslayable, la fortuna de ver a un TORO BRAVO y ENCASTADO en el redondel.
El festejo de aniversario gracias al extraordinario toro de Pedro Garfias, entonces cobró la verdadera dimensión de lo que debe ser la Fiesta Brava y nos recordó laudatoriamente…QUE LA FIESTA ES GRANDEZA.
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