En el cuarto festejo de feria y segunda novillada, se lidiaron ejemplares de José Julián Llaguno, que resultaron ser disparejos en presentación al correrse animales de sangre española y mexicana, mismos que además dieron un juego desigual. Destacó la presencia del primero del lote correspondiente a Ricardo Frausto –Conquistador de 396 kg- un hermoso castaño ojo de perdiz apretado de carnes, de larga constitución y sobre todo una cornamenta de dar miedo. Sin embargo Frausto ni se inmutó. Lo recibió con largos lances a la verónica y tras la suerte de varas en la que por cierto, Conquistador empujó fuerte en el caballo, Frausto realizó un hermoso quite por tafalleras en los medios. Con la muleta y tras brindar al respetable -con el detalle curioso de la montera cayendo a la arena de canto– le pegó un valientísimo cambiado por la espalda, para después ligar dos series de tandas por derecha y naturales tersos, templados y llenos de arte y de afición. Frausto toreó erguido, elegante, y lució por encima de su buena técnica la escasa cualidad en el toreo de estos tiempos, de pensar con frialdad en la cara del toro. Se tomó su tiempo, meditó, observó, cambió la lidia y creó con espontaneidad las variantes que necesitó gracias a su clara presencia de mente sobre lo que hace. Sin duda va por el mejor camino. Los dos o tres momentos de apuro en los que el toro se le coló, los solventó a pie firme y sin inmutarse, disfrutó de su faena sin prisa y sobre todo con mucho sentimiento. Cerró con manoletinas ceñidísimas que hicieron ver la muleta de juguete en comparación con el tamaño de los pitones de Conquistador. Se tiró a matar con decisión y el público y el juez le premiaron merecidamente con una oreja.
En el segundo de su lote, y con un ejemplar que tenía lidia pero menos transmisión, Frausto elaboró una faena de tesón y de valor, aunque con menos detalles de arte, sí los hubo de técnica y siempre bien conectado con el respetable. Mató algo defectuoso, y aunque se le premió con una oreja en esta segunda lidia, el respetable que a veces varía de opinión pitó un poco el apéndice.
Efrén Rosales no tuvo suerte ante ninguno de sus enemigos de la lidia ordinaria, aunque es de destacar que este chaval es consentido de la afición y tiene carisma. Con el certero y atinado manejo del Matador de Toros en retiro, Luis Fernando Sánchez, indudablemente mejorará día a día. Obsequió un ejemplar de la ganadería Real de Saltillo, que tenía el defecto de ser andarín, pero Rosales logró meterlo en la muleta, y si bien los muletazos no destacaban por ser templados, logró ligar de manera consistente; Al son de la Pelea de Gallos el público que asistió a la Monumental coreó fuertes olés en una faena más derechista que por natural. Destacaron las bernardinas del cierre de lidia y tras una estocada efectiva el público pidió con fuerza las orejas que el juez concedió, no sin antes soportar la rechifla del respetable al guardarse los pañuelos.
Manuel Fernández Mazzantini cargó con lo más difícil del encierro y solamente pudo exponer detalles. Se mostró como torero con mucha técnica y sobre todo de buena clase.
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