Patricio Villicaña es su nombre, el chaval que sentía temor a las invitaciones familiares para visitar la ganadería de su abuelo, Don Fernando Ochoa, pues no faltaría quien le ofreciera un capote para echar las tres ante vaquillas.
“Me daba mucho miedo el torear, pues no sentía gusto hacerlo y más cuando se me ofrecía con insistencia. Yo me dije: esto no es para mí y así fue creciendo, en edad y temor; no quería ser torero”.
Sin embargo, primero por videos y luego en vivo, captó la escencia de dos monstruos: José Antonio Morante de la Puebla y José Tomás. El impacto fue único y se llevó consigo el tinte; anda en sus primeros aires.
Y tal parece que fueran de hace mucho tiempo al participar en festejos para menores de 17 años. Así lo ha demostrado hoy en Arroyo y a la vista de su abuelo.
“En dos años, los recientes, he hecho todo lo que pude haber aprovechado antes con todas las facilidades que da ser familiar de taurinos. Dejé atras el miedo y ahora sólamente quiero torear y torear, me llena”.
Pato, primo del matador de reciente retiro Fernando Ochoa, sigue la línea artística de Morante y el señorío de Tomás, sus espejos. Claro, él a su incipiente paso pero con sólido sentido.
“Son dos figurones a los que admiro”. Si ya decían que para muestra basta un botón, Patricio ha escogido dos y si agregamos que para hablar del toro está su abuelo y de torear a Fernando el primo, el miedo seguirá quedándose atrás.
La inspiración Pato Ochoa la lleva de su lado.
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