Cortó una oreja en la pintorezca placita del estado de México por una faena estructurada; Rodrigo Sebástián obtuvo otra tras una sola suerte, la de matar, ante los dos ejemplares más fuertes del impecable encierro en presentación de Julián Hamdan.
Diego Sánchez, pese a lidiar el novillo más cómodo, pasó fatigas para pasaportalo entre palmitas.
Y Manolo Gutiérrez tragó por partida doble: lesión en un pie al sacarlo del burladero el segundo de la tarde y enfrentar la dureza del correspondiente cierraplaza.
Para nada le espantaron los kilos, ni la enarboladura bien puesta a Ramón Fernández del abreplaza, casi un toro si la serenidad, el buen gusto y manejo de capote en suaves lances mecían la embestida al recibo.
El quite por Tafayeras en un palmo de terreno se distinguió por la quietud. Y tras el brindis al matador en retiro Alfredo Gómez “El Brillante” dejó al descubierto el temple del hamdeño por el mejor lado, el izquierdo.
Sobre ese pitón trazó la ruta Natural en series rematadas por alto con el De pecho y Cambios de mano. El par de Dosantinas marcó el turno con la espada. Pinchazo arriba y entera en buen sitio para cobrar la oreja.
Veinte kilos más asomaron del segundo de la fresca tarde, que de inmediato al bajar por la rampa desde el camión de embarque descubrió un burladero lateral. Y, a base de secos derrotes lo desenterró del piso provocando la huida de Manolo Gutiérrez.
Su capote no fue suficiente para impedirle hacer hilo y, al carecer de callejón la plaza “Silverio Pérez”, se trepó al tendido, no sin antes recibir un rayón, librándose de un serio percance.
El genio se apoderó de los más de mil trecientos espectadores que vieron un gran puyazo de Carlos Domínguez, aguantando el embate y manejando la rienda casi en círculo para impedir el tumbo.
A este “Risky” de 485 de romana le cubrió el tercio completo Cristian Sánchez con un par de Cuarteos y otro Al violín que por su arrojo, a la brega de Juan Ramón Saldaña, lo llamaron a saludar desde el tercio.
Cubiertos los dos primeros tercios por la peonería impactando al público, quedó grande el compromiso para el novel Rodrigo Sebastián, siempre a merced de la dureza. Y así, sin faena, asestó un soberbio estoconazo en todo lo alto y vino la oreja.
En tercer lugar salió el más ligero y cómodo de cabeza, pero el picante atomatado no pudo ser domeñado por Diego Sánchez. El recurso de expulsión lo llevó, inclusive, a sufrir una espectacular voltereta convirtiéndose en presa de “Oliver”.
Dos viajes y baja estocada le libraron del compromiso, más no de golpes contusos en el brazo izquierdo, entre las palmas.
Trompudo, pues de becerro fue mordido el hocico por coyotes, cerró plaza “Joy”. Ya repuesto del golpe, Manolo Gutiérrez brindó al empresario Arturo Romero, pero el esfuerzo se fue a pique.
A toro parado poco pudo hacer y lamentablemente se tiró abajo por lo que el silencio fue su mejor acompañante. Por aplausos, Rodrigo Sebastián obtuvo el premio en disputa, pero el reconocimiento fue para Ramón Fernández.
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