Joel Delgado se pegó cornada en el muslo derecho. Javier Castro, palmas; Arturo Soto, aviso al igual que Arcadio Valenzuela.
La ganadería de Huixcadha hizo su presentación en sociedad dejando una estela de trasmisión, tras presencia de lujo en enarboladura.
Desde el inició sorprendió con la suelta al abreplaza, astifino y cornalón al que Fermín Salinas dejó asentado con un puyazo en lo alto. Suficiente para que Zabala encontrara la noble embestida que le permitió rematar salerosamente con la plegada esclavina tomada a una mano, dejando al descubierto el largo recorrido.
El brindis al empresario Luis Marco tuvo eco sobre mano derecha en sentidas tandas, tres de ellas de resonancia entre un público que hizo el lleno. Y como cobró con estocada en lo alto le otorgaron la oreja.
Ahora que el muñeco del festejo lo obtuvo José María, agradable, apretado de cuerna y con calidad en la embestida, pero sobre todo bien aprovechado, de principio a fin; así, bendita suerte.
Manejo de capote ajustado al cuerpo recreándose en el juego de brazos al lancear de recibo. Quietud al quitar por Gaoneras y lo Pastor, como su padre, César, en banderillas sobre tablao, primero los gráciles arabescos y después la certeza sobre el morrillo.
Dos muletazos por bajo marcaron la pauta para redondear por derecha las rítmicas ejecuciones una y otra vez, asomando el consagratorio temple, del que no desprendió a los tres mil aficionados en olés a coro. Por eso al depositar tres cuartos de estoque la premiación fue unánime, de oreja, recia, sólida, triunfal.
Negro, como echando humo, y bien puesto de pitones fue el cierraplaza de lidia ordinaria. El buen son avisaba seriedad, pero Joél Delgado no lo entendió así. Recurrió a las Chicuelinas de recibo al verse comprometido en Lances; ya no hubo quite, pero sí banderillas.
El primer muletazo fue el segundo aviso de riesgo, sin embargo Joél optó por arrodillarse y ahí no se la perdonó el novillo, cornada en muslo derecho. Zabala encaró al “Canta Gallo” intermitentemente hasta pasaportarlo de media en buen sitio, entre palmas.
Juan Carlos Paz, desde el caballo, dejó de dulce al tercero de la tarde, permitiéndole a Arturo Soto centrarse en cada muletazo, durante la faena brindada a Luis Marco e hija, Grisel. Era el cuadro como torear de salón; tranquilo, sereno, situándose a la justa medida en cada suerte por derecha.
Hasta que “Amigo” cambió de lidia probando en cada envite. Par de pnchazos y delantera decretaron el aviso; ahora que la salida al tercio y vuelta al ruedo nadie se lo agradeció por su falta de honradez.
Lo mejor de Arcadio Valenzuela lo construyó cuando el quinto del festejo se había rajado tras aburrirse en los medios. Una Dosantina entró en ebullición, no así la estocada enhebrada a topa carnero que lo mandó por los aires ni el recurso de barrenar, sonorisados por un aviso.
El lunar del encierro fue el corrido en segundo lugar, soso y cara arriba, brindado a Grisel. Una Media Verónica de Pintura instrumentó Javier Castro, estrellándose al tomar la muleta. Pinchazo y estocada caída alcanzaron las palmas.
Y sobre ese sol radiante, luminoso cubierto con dorada arena sevillana, brotó el encantador brío del becerrista Juan Pedro Llaguno, como el donaire descargado al entregar a “Vallisoletano” al caballo de César Daniel Morales que, en respuesta picó en lo alto adueñándose de la divisa De Llaguno. Vaya par de críos.
La genialidad del festejo la cinceló Juan Pedro al rematar al viento su tercio de banderillas. Y entre el calamocheo un soberbio Trincherazo fue suficiente para arrojar la muleta en sorpresivo desplante. Gracia de chaval. Entera a cambio de la oreja.
Santiago Cuatlalpan, Estado de México, la aduana seria para todo aquel que quiera probar sus ansias de Novillero, como reza la letra de Agustín Lara, paso doble que a partir de hoy adereza los paseillos en Cinco Villas.
…Torero valiente que entregas tu vida y tu sangre sin miedo a la…
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