Se lidiaron astados de Xajay bien presentados, malos y deslucidos que no permitieron el triunfo de los alternantes del cartel.
Rafael Ortega: Silencio y pitos.
Miguel Ángel Perera: Al tercio y palmas.
Arturo Macias El Cejas: Leves palmas y división de opiniones.
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Este domingo 24 de abril parecía estar todo listo para el triunfo, pero el hombre propone y el toro dispone. Lo que se pensaba sería una tarde de triunfos se convirtió en una tediosa y decepcionante corrida.
Ortega lidió al primero de la tarde con voluntad, verónicas y chicuelinas en el primer tercio y en el segundo puso pares en buen sitio para llevarse las palmas. Con la muleta aunque estuvo dispuesto y entregado no consiguió meter del todo a la afición en su labor. Ante la poca emotividad del burel, Ortega no tuvo muchas opciones y decidió entrar a matar dejando entera caída y un golpe de descabello para retirarse en silencio.
Y si en su primera comparecencia no conectó con el aficionado, menos lo hizo en su segundo, un soso y deslucido burel con el que buscó el triunfo pero definitivamente no había por donde conseguirlo. Pinchazo y pitos al toro y al torero.
El español Miguel Ángel Perera se enfrentó a un astado de pocas embestidas que desde un principio presentó complicaciones y puso en problemas a la pionería.
Poco a poco y a base de dejarle la muleta en la cara, le arrancó pases meritorios que fueron agradecidos por parte de la afición. Perera aguantó en la cara del toro, robándole pases en un palmo de terreno justificándose para así ganarse el respeto de la gente y a pesar de fallar con el acero, lo invitaron a saludar al tercio.
Otra actuación voluntariosa tuvo Perera con su segundo astado, otro que no colaboró al triunfo ya que pegaba feos arreones y nunca se empleo. El español trato de agradar pero fue imposible remar a contra corriente. Pinchazo y media para escuchar leves palmas y fuertes pitos a los restos del astado.
Para Macías también fue una tarde difícil, el cárdeno que le tocó en primera instancia fue distraído, salía suelto y doblaba los remos delanteros. El torero hidrocálido estuvo dispuesto y con actitud pero antes las pocas condiciones para el triunfo hubo que entrar a matar fallando en varias ocasiones hasta escuchar un aviso e irse entre leves palmas.
El sexto de la tarde fue otro para olvidar por sus escasas embestidas, Macías con él estuvo con deseos de agradar pero la suerte no estuvo de su lado. Intentó una y otra vez sin encontrar al colaborador ideal para el triunfo. Errado con los aceros y se retiró entre división de opiniones.
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