lo dejó ver desde su presentación en el desaparecido Toreo de Cuatro Caminos, al sumar siete actuaciones en 1959, allá donde florecían Rubén Bandín, Chucho Morales y Antonio Campos “El Imposible”, entre otros, por lo que Jaime Rangel fue contratado por el Dr. Alfonso Gaona para ser base de temporada.
Y la inició con creces, el 17 de julio de 1960, en la plaza México, al lado de Fernando de la Peña y Antonio Sánchez, ante novillos de Zacatepec. Fue tal el impacto del novillero hidalguense que encabezó 11 carteles en el mismo año; de ellos se desprendieron cuatro manos a mano, dos con De la Peña y los otros dos, ante Felipe Rosas, “El Setimiento Hecho Toreo”.
Pero lo más importante en Jaime Rangel Jiménez fue el haber culminado la etapa novilleril 60, en la México, con una encerrona, el 20 de noviembre, ante astados de la ganadería de Pastejé, hecho que sólamente habían registrado Amado Ramírez El Loco y Adrián Romero.
“Viví viendo toros y acompañando a mi tío Ricardo Torres y a mi papá. En ese tiempo había que partírsela frente a novilleros como Fernando de la Peña, Joel Téllez “El Silverio”, Felipe Rosas, pero el que más lata me dio fue Mauro Liceaga; salía a darlo todo, desde poner banderillas, fue un gran torero.
Por eso al sobresalir, el buen olfato del Dr. Gaona se dejó sentir, ofreciéndole la alternativa para el año próximo y en cartel inaugural, por la huella dejada, ante un gran número de llenos en los tendidos.
Y Jaime Rangel dejó de ser El Caleserito del Capote al darle a cada lance interpretación propia. “No inventé ninguna suerte; sólamente le di mi expresión y eso, el público, me lo identificó.
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