Ramón Serrano le otorgará la alternativa a su hija Mónica, en un festejo de rejones y en la plaza México, ante el testimonio de Diego Ventura, para febrero próximo.
Todo se inició un 5 de febrero de 1996, justo cuando se celebraban los 50 años de la Monumental de Insurgentes. En aquella fecha hacían el paseillo: Jorge Gutiérrez, Manolo Majía y el valenciano Enrique Ponce; al frente ellos, en sus respectivos caballos, iba Ramón Serrano, y como invitada a partir plaza, Mónica. Los toros, diez, por los de regalo, fueron de Xajay.
Ramón quería que Mónica, quien se había iniciado como rejoneadora, sintiera el peso, el ambiente y el compromiso, ante un público feliz que llenaba el coso; fue como una probadita.
Han pasado 14 del años del retiro y Ramón se siente tan bien como en sus mejores momentos.
Mírame. Estoy igual que siempre -refiriéndose a la figura del cuerpo- Me conservo bien; nunca he dejado de montar.
Una declaración hecha a la salida del túnel taurino más grande de nuestra capital. Y es que domingo a domingo, desde el inicio de la temporada, se le puede observar dentro del callejón; el domingo anterior no sería la excepción, toda vez que se presentaba un amigo de la familia, el rejoneador luso-hispano Diego Ventura.
Padre e hija habían acudido al festejo; el esposo de Mónica, Félix Cantú, es el representante, en México, de Diego.
Es un cartel muy completo, con este hombre que está en un gran momento y que ha sido muy aceptado por la afición. Los toros los andamos buscando, y si no, pues de los míos -Tequisquiapan o Mar de Nubes- ¿Acaso no resulta interesante?.
Un hecho único, de padre a hija, y con testimonio de lujo.
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