En donde no acudió acompañado de la serena inteligencia, ni de la reflexión, así como de la autocrítica, y como una especie de neófito en estos menesteres, se dio a decir cosas en donde ni la cordura, ni la razón le asistieron.

Por ejemplo, una de las respuestas que más me ha dejado atónito, es la absurda, incongruente, fuera de todo lugar, así como poco inteligente descalificación del gran público mexicano:

Me da rabia que no me sea valorado el recibimiento que le hice al toro, porque estoy exponiendo mi vida y la de mi caballo, la velocidad con la que sale el toro y el movimiento preciso de mi caballo son de alto riesgo, que de no salir bien puedo perder mi caballo, ese recibimiento lo he realizado muchas veces en España, y naturalmente ha habido ocasiones donde he dejado el rejón ligeramente trasero y en esta ocasión fue así“.

No podía dar crédito que el señor Ventura recriminara al público mexicano, una supuesta falta de valoración a lo que hizo, por ello pensé, por un momento, que ya había enloquecido don Diego; si para él dejar el rejón casi en el rabo del toro… es una posición ligeramente trasera, quiero pensar, luego entonces, que si lo clava en el mero rabo, será imponer el rejón en todo lo alto.

El público está en todo su derecho de haberle reprobado el hecho.

De que expone la vida y la de sus caballos, son situaciones inherentes con las que tiene que vivir y convivir como torero.

Se le reconoce, respeta y admira como gran rejoneador, pero no es excusa para agredir al selecto paladar del público mexicano, porque por otra parte, todos los toreros están conscientes y, en igualdad de circunstancias, de lo que encierra la profesión, y hasta el momento, no he leído o escuchado, que para justificar los desaciertos, tengan que acudir a la nada certera frase… “el público no valora que expongo la vida“.

Por eso es tan mágica esta profesión, porque al exponer la vida misma, regalan creaciones escultóricas que conmueven y emocionan; pero que el señor Ventura venga a estas alturas a recriminar al público mexicano que no sabe ver toros, me parece la absoluta falta de respeto y el fácil camino para la justificación de algo que no la tiene.

Seguramente el señor Ventura no sabe, que en México, gracias a Toros y Toreros, tanto el licenciado Julio Téllez como un servidor, hemos grabado y transmitido sus faenas que ha hecho en España desde hace varios años, fundamentalmente las de Madrid, y teniendo ese marco de referencia, aquí saben hasta donde puede llegar, y se puede afirmar que no ha estado a la altura de lo que realiza en España.

No obstante, al margen de lo anterior, apareció esa reprobable justificación de que ha estado toreando pequeñajos, porque sólo le han dejado las sobras:

La verdad se me ha complicado porque yo aquí no conozco y pensé que sería como en España, donde hay muchas ganaderías con toros de encaste Murube y no es así, las ganaderías importantes con ese encaste ya casi no tienen toros. He estado toreando prácticamente las sobras, los toros feos, aunque son ganaderías muy importantes ya están todos escogidos“.

Pues… ¿qué no cuenta con un equipo de veedores de toros, que le escojan en las 300 ganaderías que hay en México, por lo menos 10 encierros de TOROS?

Pareciera que el señor Ventura todavía vive anquilosado en el siglo XIX, pensando que México es una colonia y el llegó como un virrey a conquistarla y manejarla, como se le pegue la gana, y eso sí que… ¡no señor Ventura!

Como un torero poco profesional se da a justificarse de que el juez de plaza le quitó la oreja de su primero, hasta donde entiendo, un torero y menos de la categoría del señor Ventura debe andar regateando las orejas:

El primer toro se dejó, pero siempre estuvo muy rajadito, fue una faena muy limpia y le pude hacer cosas importantes y luego el presidente me quita la oreja, la verdad estaba muy encabritado, en el segundo estaba muy presionado, muy arreado y aunque le corte las dos orejas no me sentí tan a gusto como a mi me gusta estar“.

Señor Ventura, de rajadito percibimos que no tuvo nada su toro, fue una faena correcta que al final dejó un rejón de muerte sumamente contrario provocando vómito sanguíneo, y en su segundo el gran público mexicano le hizo devolver los trofeos, porque a su juicio no se los merecía. Si acuden 35 mil asistentes, y 5 mil parroquianos deciden pedir los trofeos, pues también causan cierto descontrol porque hacen ruido, aunque mucho más ruido causan 30 mil que no están de acuerdo.

Ahora bien, eso de que incumplió el contrato para torear en Monterrey, ha sido algo que hasta donde se entiende, resulta indigno de todo profesional.

Dice que no toreó el 1 de febrero en Veracruz, y sin embargo, nos mandaron un boletín de prensa su equipo, en el que informan que cortó un océano de orejas.

La empresa de Monterrey, representada por el matador Alberto Galindo El Geno -no de la señora de la que nunca dijo su nombre-, según nos enteramos no le aceptó nada… ni firmó nada, porque el señor Ventura pretendía que se desistiera de todas las penalizaciones que causa el incumplimiento de un contrato.

Salvo su mejor opinión, tanto en España como México y en todo el mundo, existen las penalizaciones al incumplimiento de los contratos.

Por todo lo anterior, si uno lee lo que dijo el señor Ventura, podría llegar a la nada elocuente conclusión que debió haber enloquecido por un momento, en aras de la confusión absoluta, porque nadie que sea una persona cabal, se atreve a denostar al público mexicano que exigió una actuación digna, a regatear una oreja -que no le hace falta porque es un gran rejoneador- al juez de plaza, y a pretender que una empresa que está en perfecto uso de sus facultades legales, no tome cartas en el asunto.

Señor Ventura, en verdad díganos… ¿qué le pasó?

Foto: Ángel Saínos.

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