La gente abarrotó la plaza para a ver al rejoneador Diego Ventura, quien desde que llegó se mostró apático, dando la impresión de estar en ese coso “a la fuerza”, y no sólo eso, sino que al matar su segundo toro, sin solicitar la anuencia del Juez de Plaza, ni avisar a los alternantes, se retiró de la plaza, faltándole al respeto, no sólo al respetable, sino a la autoridad y por supuesto a los dos toreros con los que alternaba que les faltaba a ambos lidiar a su segundo toro.
Desde el sorteo quiso hacer sus pillerías pues la gente que acompañó al jinete, intentó cambiar el turno de éste en el cartel, situación que no fue permitida por la propia empresa.
El rejoneador se salió enfadado y con la espuerta vacía, pues falló con el rejón de muerte y perdió los trofeos con ambos toros.
Ese mismo día Fabián Barba, anduvo torero en su primero agradando a la concurrencia, cortando la única oreja del festejo; en su segundo un toro que salía con la cabeza arriba, se puso pesado con el acero y se retiró en silencio.
Domingo Sánchez El Mingo, estuvo por encima del ganado, en su primero falló con el acero, dejando ir un apéndice, y en su segundo el juez de plaza le negó el premio, por lo que dio la vuelta al ruedo con fuerza.
Los toros de Cerro Viejo, los cuales estuvieron bien presentados, pero malos en su juego, demostraron su falta de casta y fueron peligrosos.
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