Sus conocimientos toreros afianzaron el verdadero valor de este tipo de festejos.
En el primero de su lote estableció una completa armonía entre su cuerpo y sus trastes. Con el capote, cuajó una serie de Verónicas bien logradas. En el último tercio planteó una lidia interesante, sobre todo por la comprensión al animal. “Trabajo” de 410 kilos, manifestó una conducta poco noble por el pitón izquierdo. Pese a este defecto, Ortiz supo entender al bovino y le sacó buen partido a puro derechazo. Con la muleta templada y bien colocada pintó finos lances. La tranquilidad y afinidad sorprendió en cada muletazo.
A parte de cuajar una labor técnica, también expresó valor. Adornos y belleza adjuntó a su buena cosecha. Su entrega fue notable, pues ya había sacado partido de su res y completó su actuación con una tanda de suaves molinetes y pintorescas manoletinas.
Terminó su labor con una estocada estera. Suficiente para que la res doble en el primer intento. Sin nada que le podamos reclamar y mucho que le podremos reconocer, Ortiz obtuvo las dos orejas.
El segundo de su lote fue defectuoso. “Pocingo” de 380 kg expresó sentido y no dejó construir una faena delicada. A pesar de la arriesgada labor de Ortiz, el astado no dio para más.
La otra oreja de la corrida cayó en manos de Álvaro Samper. El ecuatoriano aplicó una faena inteligente y logró conseguir buenos derechazos. El acero le fue infiel al primer intento y perdió el par simbólico.
La anécdota de la noche:
Minutos antes de la corrida, las autoridades gobiernistas intentaron detener a una joven aficionada.
En la entrada de la plaza, la intendenta de turno (representante del gobierno) y responsable de no permitir el ingreso a menores de 12 años a un espectáculo taurino, ordenó la detención de una adolescente. La razón: “su camiseta tenia estampada la leyenda del “NO”. Esta palabra hacia referencia opositora frente a la Consulta Popular que pretendía prohibir la muerte del toro en el ruedo y algunas otras libertades civiles y democráticas.
Posteriormente, un familiar de la joven se dirigió a los tendidos de la plaza e informó a la afición lo sucedido: “Le quieren llevar presa a una chica. Sí se la llevan a una taurina, nos vamos todos presos. Este es un país libre”, exclamó.
Inmediatamente, los aficionados se levantaron y juntaron fuerzas en la entrada de la plaza. La presión de los taurinos fue más frente al intento de castigo a la libertad de expresión. Finalmente, la joven salió en libertad.
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