Entonces, aparece Matías Tejela, quien traza momentos bellos, pero que la falta de la serena inteligencia, le hace romper el equilibrio que debe mantener toda propuesta artística, al margen de que en lugar de volcarse al rubricar su faena, para dejar un certero estocadón, lo hace con tanta precaución, que por ello, deja un bajonazo sin soltar la espada, y todo lo demás es ya historia.

Sí una historia de lo que pudo ser, pero que no ocurrió por la falta de querer ser.

Cuando un torero, y toda persona que pretenda conseguir un objetivo previamente analizado, se lanza a la conquista del triunfo, debe estar convencido de ello y contar con todos los argumentos, de lo contrario, todo queda en las buenas intenciones, y como siempre me permito recordar que… de buenas intenciones están llenos los caminos al infierno.

O, como más coloquialmente se suele decir… el ya merito. No obstante, con el ya merito NO PASA NADA.

Quien no pueda entender que esta profesión de SER TORERO es tan complicada, porque es de absoluta disciplina y total concentración e innegable pasión y entrega, pues es muy posible que deba buscar otros horizontes en donde pueda desarrollarse, que le resulten más cómodos y, con menos riesgo, porque el tiempo pasa y como pasa nos deja.

¿Cómo se puede escapar un triunfo que pudo resultar significativo para su inmediato futuro?

¿Cómo no haber tenido la mínima capacidad para entender que alargando inútilmente la faena, cuando el toro ya no daba de más era romper el sano equilibrio que debe existir?

¿Cómo no entender que esto es de entrega absoluta en cada y todo momento, sobre todo, cuando se había convencido al cónclave, y en la rúbrica se tenía que dar todo y mucho más para conquistar la gloria?

Bueno, sólo habrá que voltear la mirada a Matías Tejela, para ver qué respuesta nos puede dar, porque la oportunidad de conquistar el triunfo se le fue, y se le ha ido en el coso titular del mundo, y ahora…

… ahora haber qué pasa, porque no existe un sólido fundamento.

Así no es.

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