Se lidió un encierro de La Cardenilla el cual fue disparejo tanto en hechuras y en juego.
Christian Ortega: Palmas y dos orejas.
Manolo Lizardo: Dos orejas y oreja.
Ricardo Macías El Estudiante: Silencio en ambos.
Incidencias:
El quinto toro de la tarde saltó al callejón dejando dos lesionados.
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Si bien es cierto que la gente de Doxey, Hidalgo, desea con ansias ver grandes corridas de toros, que año con año se festejan en este bello poblado hidalguense, esta vez tuvieron que esperar un poquito más de la cuenta, nada más ¡dos horas con veinticinco minutos!, esto, porque los astados a lidiarse no llegaban, lo cual nos hace ver además de una mala organización por parte de la empresa, la absoluta falta de respeto al gran público taurino. Tanto fue el tiempo de espera, que la gente desesperó, y algunos por un momento iniciaron a emprender el camino para sus hogares, no sin antes exigir que se les devolviera el costo de cada uno de sus boletos.
Hasta que por fin, llegaron los toros de La Cardenilla de don Pepe Moro, todo se tranquilizó y dio inicio la corrida de toros.
A Cristian Ortega, le tocaría el lote más infumable del festejo, con sus dos toros estuvo muy voluntarioso y con ganas de agradar al público. En su primero un toro invalido, lograría extraerle algunos buenos muletazos, consintiendo al de La Cardenilla y toreándolo a media altura para asi poder recrearse y agradar al conclave. Fallaría con la espada, y el público le agradecería con la ovación. Con su segundo, un astado complicado realizaría una labor muy torera, cubriendo los tres tercios, toreando bien de capa y de muleta, esta ocasión dejaría una estocada en un muy buen sitio que haría rodar sin puntilla al toro y cortaria dos orejas.
Cuando la tarde pintaba para un fracaso rotundo, saldría Manolo Lizardo, diestro tapatío con gran carisma, pisaría el ruedo para recrearse con sendas verónicas, que de inmediato calaron al tendido, llevando al toro al caballo por chicuelinas, quitaría por navarras y para ese entonces ya tendría al público en el bolsillo. Con la muleta, corrió la mano dejando tandas por ambos lados que le corearían con fuerza, hecho todo ello con un ejemplar que no fue fácil, pero que tenia recorrido siempre y cuando lo llevaran muy toreado, y con la muleta bien planchada. Al final, dejaría un certero estoconazo y cortaría dos orejas. Ya con su segundo, un toro complicado que terminaba con la cara alta, Lizardo, con ese carisma y ganas de agradar al respetable, logró buenos muletazos, finiquitando con media estocada al bicho, la cual hizo efecto en el toro y recibiría una oreja, lo que lo llevaría a la puerta grande en la primera de la Feria en Doxey, Hidalgo.
Ricardo Macías El Estudiante, quien tomó la alternativa no avalada por la Asociación Nacional de Matadores, pero si, por la Unión de Toreros que comanda Manolo Mejía.
Este hombre de la tercera edad que se resiste a dejar de ser joven, espero 38 largos años para tomar la alternativa, por ello, qué más daba esperar 2 horas con 25 minutos más, para emprender el paseíllo, se le vio sin argumentos sólidos para poder tomar una alternativa, el tiempo pasa y hace evidentemente mella en sus recursos fundamentalmente físicos.
En su primer toro, el que abrió plaza, saludó con el capote sin asentar las zapatillas en la arena y, siempre realizando todo para atrás; ya con la muleta, sólo dejaría ver esa falta de sitio, de aguante, y de enormes carencias que le han dejado toda esa multitud de años acumulados, con un toro que pedía a alguien con más experiencia. Macías voló por los aires, y se le vio con notoria dificultad para poder incorporarse de inmediato, por lo que tomaría el estoque para dar fin al primero de la tarde, no se anotarle varios pinchazos y utilizaría hasta el descabello.
Ya con su segundo, con el que cerró plaza, un toro con agradabilísima apariencia de novillo, vendría una labor austera, donde literalmente dio tres deslucidos capotazos, para dar paso a los hombres del castoreño, quienes darían un absurdo castigo excesivo. Con la muleta sólo cinco pases por alto y se dispondría a emprender un calvario con la espada, porque dejó una cantidad impresionante de pinchazos; para dar fin al astado, el puntillero realizaría su labor desde el burladero y con el toro en pie, pero en repetidas ocasiones fallaría con la puntilla. Por ello, nuevamente El Estudiante intentó dar fin a su participación sin conseguirlo, mientras la noche nos iba cobijando a los pocos que para entonces ya quedábamos en la plaza, y nuevamente el puntillero entró en acción fallida, para que después Macías tomara la espada corta y detrás de varios desaciertos y más de media hora, diera fin a ese gran calvario llamado “alternativa”, con más pena que otra cosa.
Al final nos queda una tarde, en donde después de tanto esperar Ortega y Lizardo triunfarían, mientras que un señor de la tercera edad que se resiste a envejecer, apodado El Estudiante saldría abucheado en lo que fuera su muy lamentable alternativa.
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