Fabián Barba dividió opiniones y en el otro fue ovacionado, en tanto el español David Mora silenció la faena que iba en camino al dejar la espada enhebrada y baja en su confirmación de alternativa y cerró en silencio.
Salvo el abreplaza, difícil resultó el encierro de Marco Garfias.
En el interior del callejón, su señor padre, Don Pancho Mejía y en las alturas atronaba el espacio el pasodoble “Manolo Martínez”, mientras daba la vuelta al ruedo oreja del cuarto de la tarde, el picoso Alicoche.
Mejía lo recibió con una Serpentina y de pronto el cárdeno que salta itempestivamente el callejón, ahí Don Panchito le hizo El Tancredo para librar la cornada. Y Nacho Meléndez le bajó temperamento, aún así quedó picoso el de Marco Garfias. A base de Doblones destroncadores se fue haciendo Manolo del toro, pero fue su capacidad de experiencia e improvisación la que sacó a flote la despedida, con Vitolinas y Recortes pintureros, tras par de pases en redondo. Y como antaño, el remate por Lacernistas dejaron el marco idóneo para el triunfo, tras pinchazo y entera.
Oreja, entre aclamaciones y gritos de “Torero, torero“. Sus hijos y padre se encargaron de quitarle el añadido. Y el público y torería se volcaron en emotividad para que sonara el “Manolo Martínez”, maestro el ídolo.
Deslucido fue su primero, lidiado en medios pases y cuatro viajes con el acero. Palmas.
Mora tuvo un enrazado toro que al no desprenderse de la muleta, ahogaba el espacio del confirmante, que dejó ver su buen toreo de capote, al recibo y quite. Su mejor tanda la ofreció por el lado izquierdo, y al fallar con la espada silenció el ambiente.
Cerró con un duro ejemplar, violento y calamocheando en las embestidas, sin lograr someterlo. Entera y silencio.
Fabián Barba empezó valiente la faena, en los medios y estatuario en quite por Gaoneras hasta alcanzar diez Naturales que se fueron volatizando ante el noblote Colonche, y tras resultar enfrontilado el público se desatendió de la faena. Pinchazo y tres cuartos dividieron gustos.
Soso y deslucido fue su segundo y aunque su faena fue aseada no alcanzó a trascender en el ánimo de unos 3,500 espectadores, pese al fulminante estoconazo, quedándose en una ovación.
Y sin más contemplaciones la gente se le entregó a Manolo Mejía en agradecimiento a una carrera que capítulos brillantes.
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