La conjunción de un gran toro de Julián Hamdan y el desdoblamiento torero de Alejandro Talavante redundaron en un sonoro triunfo de dos orejas, durante la relevancia que ha tenido la decimoquinta corrida de Gran Temporada.
A la contribución se integran Uriel Moreno Zapata al cortarle un apéndice al abreplaza y el cierre de José Mauricio en toro de regalo que le ha valido otro auricular.

Justo cuando se enfriaba la tarde con el intermedio segundo astado, apareció Hachiko dejando ver su clase al embestir en los parones del hispano y el manejo de rítmico volumen al dejar caer una de las puntas del capote. Fue la explosión anímica de unos 3,500 espectadores volcados sobre los recortes de Alejandro al llevarlo hacia el caballo. El quite de Chicuelinas estalló nuevamente al rematar a punta de capote.
Es una desdoblamiento elástico el que posee Talavante que tal parece le salieran brazos por todas partes para resolver en un palmo de terreno todo ese potencial; su capacidad de improvisación no tiene límites.
A la Arrucina le da versión propia, al muletazo de costado ligado al cambio de mano por delante, a las Joselillinas y al superior Pase del Duende. Todo intercalado en el toreo circular, frente a un bravo, emotivo y humillado burel, que vamos, hasta en la muerte lo hizo lento para desplomarse en una inusual escena, ante el delirante público que le otorgara junto con el juez el par de orejas.
Y pese a la otra cara que presentó el cierraplaza de lidia ordinaria, Alejandro estuvo en torero, a la brega y el quite de una sola suerte para cuidar la fuerza que no alcanzó a romper, y más, al usar estoque y espada de cruceta, llevándose las palmas en reconocimiento.

Un toro entregado, de principio a fin, tuvo [/b]El Zapata[/b] con el que abrió festejo; tan embestía así que Pedro López se dio tiempo de arrancarle la divisa a placer, mientras el toro se mantenía con la cabeza debajo del peto en la pica. Intenso fue el primer cuarteo de Uriel al gallear templando en pasos de costado como si fuera caballo de rejoneo. La faena se le estaba escapando de las manos, pero en cuanto lo llevó tan despacito y en redondo alzó vuelo con su toreo en redondo. Y como depositó una entera en buen sitio se le concedió una oreja.
Se agarró al piso el cuarto de la tarde y no hubo repercusión sonora. Pinchazo y entera entre el silencio para Uriel.

Sergio González en un par al sesgo se ganó la salida al tercio, pero Mauricio, su matador no encontró rumbo con este que hizo segundo en el orden.
Se quedaba corto el quinto astado y salvo una Capetillina lo demás fue batalla para José, después de dejar abajo un pinchazo, silenciado.
Recurrió al regalo y para su fortuna, sacó jugo al ángel de caerle bien al público. Le corearon los medios muletazos pese a que “As de Corazones” embestía con la cara en alto. El epílogo fue pinturero al caminarle al toro dibujándole Trincherazos y Firmas. Y como acertó en estoconazo, vino la oreja reconquistadora.
Ahora, que la salida a hombros de la plaza México tiene a Alejandro Talavante en el gusto de la exquisitez; acompaña hasta con la mirada cada recreada embestida.

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Foto y Video: Julián Herrera

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