Llegó hasta a mi el 26 de noviembre de 2011, justo cuando Luis Marco Sirvent daría a conocer su monumental plaza Cinco Villas, de albero sevillano, cartel internacional y primer paso a labor altruista.
Ortega Mercado coincidió conmigo en un contraburladero y ahí me entregó su tarjeta de presentación, sin título alguno. El mismo, al preguntarle, me diría que lo hacía por no poner en riesgo a la empresa que representaba.
Carlos era tesorero, según sus palabras, y su deseo era el promover la fiesta al máximo, de ahí su acercamiento. Compartimos el gusto y más tarde estreché el abrazo de Manuel Caballero. Señorón.
Me decía “Dios” porque en donde quiera me encontraba, aeropuerto, conferencias, ganaderías y demás eventos sociales. Carlos estaba a mi lado. Ahí me dio a conocer su deseo de promover con nuevas voces la fiesta.
Ya tenía opiniones de la marejada con la que se ha dado a conocer por años el fruto de lo que ahora vivimos a través del televisivo medio del que hasta ahora padecemos.
Quedamos en encontrar un plan para darle un nuevo causal, pero el imponderable destino se encargó de no darle continuidad.
Pese a todo, domingo a domingo, sin su inseparable sombrero asomaba su presencia, pues jamás dio a conocer que Carlos Ortega Mercado era el tesorero de la empresa a la que el representaba. Televisa.
Ese tesoro lo llevó consigo hasta el fin de su vida.
Discreto, romántico, bohemio, se fue el que trajo para los televidentes los últimos festejos de provincia; Pachuca habla de ello. El percance de Juan Luis Silis es la mejor carta de presentación.
Hoy estará bajo tierra. Su impulso por la fiesta continuará: la huella de Carlos Ortega Mercado continuará.

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