Cierto, él, como subalterno, a la orden del primer espada, Miguel Espinosa Armillita Chico, y los alternantes, Miguel Báez Litri (hijo) y Enrique Ponce.

Siempre en los mejores carteles; así lo ha vivido a lo largo de sus 63 años de edad.

Beto se inició en el toreo como integrante de la Cuadrilla de Niños Toreros de Monterrey, dirigida por Don Héctor Torín Cavazos, padre ni más ni menos de Eloy y David El Vito; con ellos partió plaza por diferentes puntos de la República. El picador del momento lo fue Efrén Acosta Baray.

Así, desde los 10 años, ya sabía enfrentar al peligro, algo innato en tan singular y prolífica familia potosina: El Chute Meléndez, Pascual Meléndez, Gabriel Meléndez La Coca, Gabriel Mélendez -ayer, picador de la cuadrilla de Fermín Rivera-, Ignacio Mélendez, Leopoldo Preciado, Carlos Preciado y, Gabriel Meléndez hijo, por citar algunos.

Tres años en las lides novilleriles; integrante del cartel de presentación de la ganadería de Carranco en la México, 19 de mayo de 1968, junto a Mario Sevilla hijo y Miguel Angel Núñez.

Después, dedicado por completo a la peonería, como el mejor. Alberto Preciado ha obtenido el mayor número trofeos y “Perazos” Domecq, por sus distinguidas actuaciones de Temporada Grande en México y por todas las Ferias; naturalmente, la de San Marcos a la cabeza.

Ese fue el boleto que lo llevó a España para enfrentar los Miura en la conmemorativa tarde, al auxiliar, esta vez, a Miguel Armillita Chico, al resbalar justo en punto donde Manolete, 50 años atrás, había sufrido la mortal cornada; circunstancia especial, pues previo a la partida de plaza, habían regado con flores húmedas esa parte de terreno.
Subalterno de todos y todas, con los más importantes de su tiempo y también con ellas, las actuales, por sus bastos conocimientos de la lidia.

Poseedor de magistral pulso al tomar la capa, desde la esclavina hasta los vuelos.

Apoderado en la última etapa de Jorge Gutiérrez y actualmente, en mancuerna con Polo, su hermano, de Fermín Rivera.
Renglón especial, encuadrado por años con el desaparecido Francisco Rivera Agüero Curro.

Jamás busco sobresalir más que su matador; aseado, de ternos y avíos. “Lo menos que se pueda molestar al toro“, su frase. Y primer pulsador, tras la pica, en busca de solicitar el cambio de tercio. Oculto, discreto, en el burladero adecuado. Y oportuno, al dejar escapar esa apagada voz en un ruedo.

Deja, al retirarse, 39 años atrás en las confianzas de matadores, Alberto Preciado Meléndez, tal vez, el hombre más A-Preciado del medio.

[pagewrap=compartir.htm]