Lamentablemente Luis Miguel Cuéllar se quedó con el billete en las manos, dividiendo opiniones.
Xavier Gallardo, al tercio por cuenta propia; Edgar Badillo, lesionado, palmas.
Diego Emilio, progresivo en recursos además, cobró el único sólido, saludo desde el tercio.
Christian Verdin, silenciado y el colombiano Sebastián Caqueza, ovacionado.
Se le dio suelta a tres ejemplares de San Antonio de Triana y tres más de Guanamé.
El popular “Cayeyo” no se equivocó desde la fundación de su ganadería al fincarla con sangre de De Santiago; parecía que estábamos viendo ejemplares de Pepe Garfias.
Y “Boya” haciendo honor a su nombre daba la sensación de flotar, no en el mar, pero si en la húmeda plaza México, tras el asentamiento justo del picador Juan Antonio Martínez que lo prendió en todo lo alto.
Cuéllar se ajustó al quitar por Chicuelinas. Y de ahí en adelante tuvo todo para cambiar el billete grande en la faena por ambos lados que pudo haber cuajado, de no haber sido porque de doce sólamente aprovechó siete minutos.
El de Guanamé embestía con nobleza, parecía carretilla al trasmitir su bravura en siete tandas; seis por derecha y la otra de lado contrario, entrando en calor con los mil 200 aficionados que jalearon su levitar.
Desgraciadamente Luis Miguel, sin rematar el trasteo, dejó pinchazo hondo y más tarde una entera sorprendiendo al público por su breve ambición. Los reclamos generaron división de opiniones; el homenaje a “Boya” merecidamente lento.
Ah que suerte tan beleidosa, Diego Emilio también tuvo un Guanamé, tercero en el orden, sólo que este no se empleaba y a lo largo de la faena fue peligrosamente acortando sus embestidas.
Sin embargo, Diego lució desde el recibo en Verónicas, y estatuarias Gaoneras al quitar. Sobre lado izquierdo “Leñador” no permitía errores; el ojo visor, entonces, tomó la derecha imponiendo sello a tres ejecuciones de aire torero.
Resbaló en la cara sin consecuencias para cerrar con un jarifo abaniqueo por la cara. La estocada ligeramente caída se quedó en petición, hasta que le llamaron a saludar desde el tercio.
Abrió plaza Xavier Gallardo con un trianero al que le instrumentó sedoso Quite de Oro al aprovechar el mejor lado, el derecho, por el que tomó rumbo su sereno trasteo, tan lleno de limpieza.
Está en sitio, por algo es uno de los triunfadores “Descubriendo un torero”. Que si extrovertiera en voz y expresión corporal, ahora mismo estuviéramos hablando de premios. Su desahogo al canzó para escuchar palmas al dejar entera en buen sitio.
Badillo trae ganas, compartió banderillas con el examinado José María Villalobos, ante un trianero de enorme lado derecho que inclusive se pegó un pase en redondo sin toque y mando alguno.
Por el lado izquierdo no quizo nada y se echó pa’rriba a Edgar provocándole lesión en el pie al embarullarse. Y, al depositar una entera en buen sitio le sonaron las palmas.
Verdín se topó con un trianero buscón y complicado que al asaltarle las dudas optó por deshacerse del compromiso tras recibir un rayón en el muslo derecho. Tres viajes entre el silencio.
Y el colombiano Caqueza cerró plaza ante otro Guanamé de lado bueno, el derecho. Dos Largas de recibo. Fue reprobado al iniciar de rodillas con muleta, lo que prevaleció a lo largo de la faena.
El buen trazo de cada serie fue incomprendido pese a su notable esfuerzo y su ejecución en lo alto al matar.
En esta novena de temporada, Villalobos pasó el examen de banderillero; en cambio quien tuvo todo para salir con un diez, Cuéllar, entró en medido conformismo, mientras “Boya” sigue flotando en la mente del aficionado.
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