Zubieta Obregón a uno de ellos le cortó las orejas y, previamente, Jaime Ruíz obtuvo otra.
Antonio Mercado fue ovacionado y el colombiano Leonardo Campos El Choni escuchó un aviso.
Bajo un excelente clima y lleno hasta el arbolado monte, Arturo Romero celebró 40 años de organizador.
Fue durante el segundo capítulo como subió la intensidad del festejo al darle suelta al tercero de la tarde, “Mariso“: bravo, noble, emotivo y con un gran poder de trasmisión, y no obstante el poco rodaje de Zubieta Obregón le aprovechó todo el motor. Desde el capote apuntó a bueno; la vara de “El Tinjo” hijo fue asentada y el novillo se fue para arriba al reflejarse como espejo en la muleta, humillado desde cada primer tiempo, lo mismo por derecha que sobre mano contraria.
Inclusive el chaval, de tan a gusto que estaba, pretendió interpretar La Poncina, y ante la clara embestida prolongó el muletazo. El público al admirar las cualidades sangre San Martín, clamaba el indulto, sin embargo, Zubieta hizo oidos sordos y se fue por derecho para sepultar en buen sitio el acero y cobrar las dos orejas, para recorrer el redondel en compañía del joven ganadero Julián Hamdan.
Algo similar en juego ofreció el cierra plaza y aunque Campos está más placeado, las florituras y desplantes no estuvieron a tono con las bondades del burel. Por ahí la primera Chicuelina antigua en quite tuvo vistosidad y algunos muletazos, pues en ocasiones se quietaba del viaje antes de culminarlos y como se puso pesado con la espada, le sonaron un aviso.
Jaime Ruiz abrió plaza frente a un toro, serio en presencia y duro en juego, pese a ello le aguantó con firmeza las medias embestidas de cara alta, logrando buenos Derechazos y fulminante estocada en la cruz, valedera para el apéndice.
Voluntarioso estuvo Antonio Mercado ante el paso lento del segundo de la tarde; momentos de interés con la muleta y tras dejar espadazo fue ovacionado.
Una lluvia de aplausos en la vuelta en el arrastre, como homenaje, se llevó el 67 “Mariso” en reconocimiento al lujo de novillada; una bufanda con los colores de la divisa, simbolizó el triunfo ganadero.
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