De la mano de Alfredo Acosta, José María ha mostrado clase y sobre todo valor sereno para expresarse tanto con capote como muleta en una faena sentida en la que ha prevalecido el toreo de dimensión, tanto sobre mano derecha como por izqierda.

Ante las miradas del matador Marcos Ortega, el profesor Isaías, Francisco Acosta “Paquiro”, Rodolfo Acosta, José Luis Rojano, Roberto Tapia, Pablo Soberanes y Edgar junior entre muchos asistentes de buen olfato taurino, se ha recreado el chiquillo.

Desde pulsar la capa se muestra la andadura al tomar punto de cite, vital para eslabonar los lances siempre rematados como cánones de su maestro Alfredo, tras burladero en lecciones bien aprendidas. “¡Sitio”! “¡Tiempo”! “¡Distancia!”.

La mejor oferta ha venido al tomar la muleta. Toque suave, enganchar desde delante y cobrar hasta donde el mando va más allá de brazo y muñeca para quedar en posición de ligar. Las Trincherillas por dentro gustan más que el De Pecho al dar personalidad al remate.

Ya sea muleta armada o de caída natural Chema tiene buen gusto de imaginación y recreo, pues la suerte le viene desde la selección del astado en brindis de confianza; la dupla se regodea, aprendizaje y lección provocan instantáneas reacciones unificadas. ¡Olé!.

Ya, a matar se aprende, abrevar es lo importante. Maestro hecho, alumno en crecimiento constante, se ha pasado del juego a la seriedad, la profesión demanda de uno y otro. Sacar un torero, y ese quiere ser José María Mendoza, ya lo ha visto Nicolás de Costa Rica.

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