Porque las actuaciones de los tres TOREROS -si amiga y amigo lector, permítame ponerlo en letras altas- y el encierro corrido de Montecristo, sirvieron para callar bocas, empezando con la mía y terminando con aquellas que hablan, dicen, salen en la tele y escriben que se han alejado de la mas bella de las fiestas por la falta de seriedad, por la falta de animales serios, de empresas dignas y de toreros que se arrimen.
Tres faenas nos permitieron reencontrar la pasión de la entrega serena y madura de un hombre honrado, la belleza excelsa y deslumbrante de un artista gitano, puro y enloquecedor, y vivir y conocer muy de cerca la entrega y el valor monumental de un joven que además de mucho temple tiene un valor espartano a toda prueba.
Rodolfo Rodríguez El Pana con sus más de 60 años de edad y casi 34 de alternativa, ha partido plaza hoy con la meta puesta en encontrar conexión con un público que pobló los tendidos y generales en casi 3/4 partes de plaza. En la lidia de su primer ejemplar estuvo siempre en la cara del toro, lo toreó por alto y por derechazos. Lo templó, se estiró con el en cada pase, sin embargo no perdonaba ningún error por su condición de enrazado y además se volvía pronto. Desafortunadamente casi al término de su faena y tras pasárselo por la espalda, el toro le apuró y El Pana no logró irse de la cara, resultando empitonado. Tras caer, el animal hizo por él y lo volvió a levantar del piso, más El Pana ya estaba casi inconsciente; Fue trasladado a la enfermería donde se le estabilizó para posteriormente llevarle a la Clínica Hospital Guadalupe para ser intervenido. Se esperan reportes oficiales, mas al parecer la cornada fue ‘limpia’.
La faena de Morante de la Puebla al toro Pavichón será recordada por los asistentes a la plaza hoy, como una de las faenas de mas entrega, duende, arte, transmisión y belleza deslumbrante. Adjetivos pueden sobrar o faltar, lo que Morante hace en el ruedo cuando se vuelve uno con el toro hace que los presentes se abandonen a la más grande emoción hace que las pieles se ericen y que las almas se vuelvan todas una sola. Toro, torero y asistentes conectados por ese bello arte de Morante. Sus lances con la mano baja que detienen el tiempo, su muleta que ya sea en torerísimos doblones o con la figura erguida siempre barre la arena de la Gran Plaza de San Marcos, y la manera en que dominó la temperamental embestida de Pavichón hicieron que lo que es tan difícil de hacer pareciera que lo sabemos hacer todos. Le ha dejado una estocada entera un poco desprendida, pero eso no ha menospreciado lo derramado en el ruedo, para que el juez le premiara con dos orejas, y que al juicio del que humildemente escribe debiera haberse premiado con el rabo… [/i]Pavichón[/i] mereció arrastre lento y Morante.. deslumbrante!
Si hoy debiera definir el toreo de Juan Pablo Sánchez, a quien algunos comentaristas se empeñan en llamar El Emperador del Temple, habría de decir que es un torero muy enrazado, que sabe torear con una finísima técnica muleteril, pero si a esta definición le agregamos el valor que todo torero debe tener, hoy Juan Pablo merece en mayúsculas el adjetivo de MONUMENTAL.
La faena al cierraplaza fue de verdadera entrega. Lo recibió con dos largas de rodillas y lo lanceó con mucha emotividad. Tras la puya el toro poco a poco se vino abajo, comenzó a pasar con la cabeza arriba a quedarse parado, cazando cada vez más a Sánchez, haciendo de hecho que este volara en tremendo volteretón: Sánchez ya estaba pisando terrenos muy comprometidos. El joven matador de toros no se amedrentó, se levantó enrazado y fue por Chinampero. La muleta poderosa hizo que este terminara rajándose y buscando su querencia natural, y fue ahí donde Juan Pablo le pisó todos los terrenos, le dio las tablas, le cedió todas las ventajas confiado en que su valor monumental y su estupenda técnica lograran lo que a la postre fue una gran faena, donde expuso, se paró, sacó pases y paró de cabeza al tendido. Desafortunadamente las espadas tenían dictado otro final, pero Sánchez abandonó el ruedo entre gritos de ¡torero! ¡torero! dando una merecidísima vuelta al ruedo.
Video cornada:
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