Ismael Rodríguez: Una oreja.
José Retana: Silencio y dos orejas.
Luis Javier Zavala: una oreja
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Si bien es cierto que la Fiesta es de grandeza, algo que es fundamental en esa grandeza sin lugar a dudas es la integridad del toro, el autentico toro que debe salir intacto a las plazas; comentamos lo anterior, porque mientras todo mundo esperaba la corrida de toros, dentro de una casa el gran actuante de la Fiesta, el toro de lidia era mutilado de sus astas.
Señores esto no puede seguir sucediendo en los festejos, porque el astado pierde esa gran esencia que le caracteriza y estrella las ilusiones del público al no ver ese toro con sus astas integras, pleno de grandeza.
Nuevamente los miembros de los comités de feria, en este caso de Presas volvieron a creer en esos supuestos organizadores de festejos taurinos, prometiéndoles una grandeza que no verán.
Cuando salió el primero de la tarde, un cárdeno claro de preciosa lámina, manso y descastado en su conducta, y que además apareció lastimado de los cuartos traseros, es muy posible que a consecuencia de que al levantarlo para realizar la operación comentada líneas arriba, se las hayan lesionado; de inmediato visitó el cobijo de las tablas, debido a su mansedumbre que le impedía acometer a los trastos de José Retana, el cual optó por lidiarlo por la cara, para después de dos pinchazos el burel rodara a la arena.
Con su segundo, que le correspondería a Manuel González Montoyita, quien según por cuestiones de salud no acudió, lo acabaría enfrentando José Retana, dejando con el capote algunas verónicas que no pudieron conectar con el público como el resto de su faena. El toro con apariencia de novillo que procedió de la ganadería de Antonio Guzmán, tenia calidad la cual por momentos pudo aprovechar este joven torero en una faena intermitente, que rubricaría después de un pinchazo con una estocada caída. Tuvo de su lado a un juez muy benévolo que le daría las dos orejas, cuando el público ni siquiera solicitó la primera. Esto no quiere decir que el muchacho haya estado mal, simplemente no llegó a romper con el público.
Vendría la comparecencia del diestro leones, Ismael Rodríguez, el cual recibió a un astado manso y descastado, de Bonifacio Castro, igual que el primero de Retana, lastimado de los cuartos traseros, con el que en todo momento el diestro Ismael, estuvo muy voluntarioso, siempre en la cara del toro y buscando el lugar en donde este morito pudiera acometer, pero sólo se quedó en eso, en una búsqueda incansable, pues el astado no tenía ni un pase. Dejaría una estocada entera un poquito desprendida y el público reconocería su labor otorgándole una oreja.
Y qué podemos decir de, Luis Javier Zavala, quien corrió con la suerte de enfrentar al mejor burel de Antonio Guzmán, un ejemplar con recorrido calidad en cada una de las embestidas, pero el joven Zavala con esa inexperiencia no pudo ligar ni una sola tanda de muletazos. Lo único que mostró fue esa falta de sitio. Un ejemplar que sin duda en manos de otro torero sería aprovechado al máximo y no dejaría ir esos muletazos que le quedaron dentro. Dejaría un bajonazo que hizo rodar al burel y el público premiaría con una oreja, ya que los miembros de su cuadrilla, exigirían que le dieran la segunda cuando no hubo labor torera alguna. Esperamos el joven Zavala ¡no se engañe!
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