Fundada en 1960 por Don Sabino Yano Sánchez con 10 vacas y 1 semental de Piedras Negras, Tenexac lidió por vez primera en Huamantla, el 15 de agosto de 1963 con cuatro novillos para Jorge Riveroll y Pedro Julio Jiménez.

A partir de entonces comenzó a escribir su propia historia, como una casa ganadera donde la única apuesta es crear un toro bravo.

Desde hace 30 años, tras la muerte de su padre, Sabino Yano Bretón es quien lleva las riendas de Tenexac, ganadería que tiene una característica que hace inconfundibles a los toros criados en el municipio de Terrenate: su pinta invariablemente cárdena.

Desde el inicio mi padre siempre tuvo la idea, y la cristalizó, de hacer el toro, toro. Lo que a él le gustaban eran los toros de Piedras Negras; llevó la ganadería de los 60 hasta el 78 cuando yo me hice cargo de la ganadería y a partir de entonces me hice cargo de la ganadería, pero yo hice un pequeño cambio: a mi padre le gustaban los toros con los cuernos cerraditos, como los de Haro, pero a mí me gustan más con los pitones más abiertos, grandes”, recuerda.

Entrevistado en el patio de la hacienda de San Pedro Tenexac –una hermosa casona del siglo XVII, declarada monumento histórico de la nación-, Sabino Yano se apresta para el homenaje que este sábado, en “La Taurina” de Huamantla, recibirá con motivo de las bodas de oro de su dehesa.

Usted habla de un concepto muy importante que es el de la bravura., sin embargo muchos toreros rehúsan lidiar astados de su ganadería precisamente por eso: porque no les gustan los toros bravos.
Debo decir que no es comercial la ganadería; los toreros no quieren torear nuestros toros, pero nosotros no queremos cambiar ese concepto de la bravura, porque si cambiamos mejor renunciamos a la ganadería. Mientras mi hermana Paz Virginia y yo sigamos fieles ese concepto, no lo vamos a cambiar: el toro bravo e íntegro en sus astas. Muchos no quieren torearlos porque tenemos simiente de Piedras Negras y De Haro, y porque siempre he luchado porque sean bravos y salgan íntegros porque mis toros no son tocados en sus astas y peleo eso a morir, y ese es uno de los problemas con algunos toreros.

En estos 50 años ¿cuál ha sido la mayor satisfacción que ha dejado Tenexac a sus propietarios?
El arrastre lento de Muñeco, un novillo que le tocó lidiar a Manolo Sánchez en la Plaza México; fue luego de que había muerto mi padre y fue de las primeras ocasiones en que me tocó ir en representación de la ganadería. Otra ocasión fue en Guadalajara, donde también se le dio arrastre lento a otro toro extraordinario que murió a medio ruedo; eso fue muy emotivo. También en Huamantla “El Pana” indultó al toro “Poeta” en una tarde muy emocionante; esos fueron de los primeros éxitos, muy emotivos, que tuve desde que me hice cargo de la ganadería y ya con los primeros resultados de las primeras cruzas que hice.

¿Qué toros y qué vacas han sido los más importantes en la historia de Tenexac?
Genéticamente, un toro de nombre “Macharnudo” que le compró mi padre al tío Manuel de Haro; ese toro fue el que fijó las características de Tenexac. Después tuvimos otro semental de nombre “Pluma Roja”, también De Haro, que a mí me tocó elegir para semental y con él empecé a buscar los toros cornalones; por cierto que ese toro, “Pluma Rojo”, después fue lidiado en Texcoco por Fernando de los Reyes “El Callao”, con el que hizo un faenón, de los últimos que hizo el torero de Huamantla con un torazo, como a mí me gustan. También tuvimos otro astado importante, que se llamó “El Zar”, el cual fue tentado para semental en la plaza de Tlaxcala por el aficionado práctico Lalo Azcué, y le pegó una cornada a Carlos Hernández.

¿Por qué no lidia Tenexac en la Plaza México?
No nos hemos arreglado con la empresa. Hace tres años teníamos tratada una corrida para comenzar a conmemorar las bodas de oro de la ganadería, pero desafortunadamente no hubo arreglo, entonces ese encierro lo enviamos a Tijuana y salió muy bueno. Pero son cuestiones de que no nos hemos entendido con la empresa.

Llevar una ganadería es arriesgado porque se experimenta con la genética y los resultados no son inmediatos, pues se tienen que esperar algunos años para conocerlos. Como parte de este proceso ¿cuál ha sido el peor fracaso de Tenexac?
En los inicios de la ganadería, en Huamantla a mi padre le salió malísimo todo el encierro, por lo que decidió regresar a la ganadería y matar a todas las vacas, madres de esos toros que se lidiaron en “La Taurina” para que no quedara rastro de esa mala camada. De los petardos que yo he pegado, que afortunadamente han sido pocos, recuerdo una corrida que había vendido para un jueves en la Plaza México, pero algo pasó y me la regresaron, y después vendí el encierro para Tlaxcala, con tan mala suerte que los toros salieron muy corraleados y yo no sabía ya ni dónde esconderme. Afortunadamente las corridas que mandó tienen un alto porcentaje de buenos resultados, salen muy parejas y por eso es que hay pocos fracasos.

¿Ello obedece a que es usted muy riguroso en las tientas?
Una ventaja es que yo vivo aquí, en la ganadería, todos los días, y estoy al pendiente todos los días del ganado. Además de que es una ganadería muy corta, muy manejable, tenemos 100 vacas y sí la tenemos muy seleccionada. Afortunadamente tengo como 73 por ciento de vacas aprobadas en las tientas, y saco más de las que debería sacar porque no tengo capacidad para tener más, pero salen muy parejas. El criterio que me hace definirme por una o por otra es la bravura que muestren en el caballo, porque estilo siempre tienen y es extraordinario.

¿Cuáles son los criterios que toma en cuenta en las tientas para seleccionar a las vacas de vientre y a los sementales?
Para mí, la base de la selección de vacas y sementales es la bravura, el estilo y la fuerza. A mí me gusta tentar grandes a los animales, porque así se ve mejor el carácter de los animales, me gusta tentar lo más grande que se pueda. En cuanto a los sementales, la selección es más especial, porque como es muy corta la ganadería yo conozco bien a los animales. Por ejemplo, tengo un becerrito que lo concebí para semental desde que nació porque su madre, en la tienta, fue excepcional lo mismo que su padre; ese torito ni se va a tentar pues por genética va a ser semental, y aunque no se les tiente o se les toree, luego luego se les ven las cualidades.

Pero está de acuerdo en que ello representa un gran riesgo…
Sí, lo sé. Es un gran riesgo, pero hasta ahora no me he equivocado afortunadamente, porque además los dejo pero no los tiento ni los hierro, los tengo en observación y los echo jóvenes a padrear, luego los quito y los guardo, pruebo cómo salen sus hijos y los guardo. Por todo ello vale la pena ser ganadero, pues las satisfacciones no se pagan con nada, al contrario yo pagaría por tenerlas… aunque no sea negocio, pues yo he tenido que trabajar muchos años para sobrellevar esta actividad, pero sí sale.

Con toda esta experiencia, ¿está a favor o en contra del refresco de sangre?
Mucho se ha insistido en que debemos refrescar. Sí se debe refrescar, pero depende con qué. Nosotros tenemos muy bien llevada la línea genética porque somos muy consanguíneos y refrescamos con lo De Haro porque tenemos lo mismo, pero hay que tener mucho cuidado con qué refrescamos. A mí me han ofrecido muchos toros españoles, pero no he aceptado, no me he decidido; a lo mejor cuando empiece a tener muchos fracasos y que no me salgan las cosas como quiero, entonces lo pensaré y tendré que entrarle, pero mientras vaya caminando la ganadería no lo haré. Además, mis toros son parejos en conducta y en tipo; saldrán algunos más buenos u otros menos buenos, pero no mansos y el tipo y la lidia son siempre parejos, y si salen así entonces para qué experimento. Ahora que sí tuviera mucho dinero, entonces me iba a España a traer un semental puro de Saltillo, elegido por mí mismo; pero como no tengo, prefiero quedarme con lo que tengo, pues me ha dado buenos resultados.

Un toro que se ha vuelto famoso, gracias a la red de internet, es “Lucano”, ese toro criado por su sobrino Santiago…
Es un toro que lo concebí para semental desde que nació. Es hijo de un toro de Piedras Negras de nombre “Copiloto” y una vaca nuestra que se llamaba “Lazarina” que murió al nacer ese becerro. Como quedo huérfano, mi sobrino Santiago Villanueva se dedicó a criarlo y cuidarlo con mucho amor; ahora el toro anda tras él cuando le dice bebé, aunque yo le digo que tenga mucho cuidado porque ya es un toro. Es un toro mezcla de bravura y nobleza, cuyo destino será padrear.

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