En su partida, se encuentran Manolo Martínez, “Paquirri” y Curro Romero, como acompañantes de sus fechas más trascendentales y eso, no cualquiera lo registra.
Muy al margen del título de “El Torero Charro de La Viga” y su paso por lienzos; los momentos cumbres de la vida de Mariano están al lado de los grandes… como él.
Sí, adentrándonos a su historia, nos hemos quedado con los títulos de torero poderoso, el mal administrado o el de “Aquél que mata lo que le echen”.
Y eso, porque la carga histórica se va hacia ese lado. Sin embargo hay que penetrar más, como el que se centra en el toro, para descubrir que es más la luz del amanecer que la de las 8 de la noche.
Mariano recibe la borla de matador de manos de Manolo Martínez.
A la escena ceremonial se suma Francisco Rivera, que no fue un Pancho cualquiera, pues estuvo tan cerca de su suegro Antonio, como prolongado en sus hijos Fran y Cayetano Rivera Ordóñez.
Y lo mismo que en México lo escribe en la notaría española cuando el rito se celebra en Madrid, con Curro Romero al frente de la concelebración.
Ahí se unen Manolo, “Paquirri” y Romero, la máxima leyenda de la catedral plaza sevillana, con Mariano.
La “A” del toreo la aprende de los Aparicio, como su tío Paco, el padre de Juanita y además otra “A”, la de Agustín Chávez el ganadero.
Y la “Z”, al calzar las zapatillas de un paso firme, pensante y meticuloso para resolver en un instante de inspiración los mil y tantos comportamientos del toro, sin perder su esencia recia, campirana con sello mexicano, como su estirpe.
…La llamada Trilogía, de pronto, necesitó oxígeno para mantener el paso, y ahí estaban Antonio Lomelín y Mariano, no para entrarle al quite sino para mantenerse a la misma altura, como una quinta con brillo propio, sin comodín.
Ese es Mariano Ramos, que se lo pelean Aguascalientes y La Viga.
El que pertenece a sí mismo, no solamente a la quinteta antes señalada, pues también rayó a la altura con la siguiente tercia, la de David, Miguel y Jorge.
Es como el torero capítulo de un libro llamado “Historia del Toreo Mexicano de los Años 70 hasta la fecha”, pues no se le cansa el caballo.
Hombre, charro y torero bueno, generoso, que acepta en su escaramuza a los rechazados por otros para darles la alternativa, como a “El Pana”, “Pedroni, “El Glison”, Herce y demás nombres raros.
En cada ceremonia va un cachito de ilusión, como el máximo anhelo torero.
Posee la cuerda charra de Ponciano, “El Ranchero” y el propio Martínez.
El poder de Gaona, “Armillita” y Huerta.
Y la sedosidad de camisas que no son blancas como la de todos los toreros; Mariano se cuece aparte, como que lo viste la Maestra Naty.
El ritmo de “Timbalero” se vibra en Piedras Negras.
“Abarrotero” es noble mozo, pues llegó de la tienda de Don José Julián Llaguno
La imagen de “Azucarero” derrama miel en Tequisquiapan…
Y “Mil Amores” es doblemente Mariano; ahí se juntan los Ramos y Ramírez.
Por partituras como esas se pusieron de pie Rigo Tovar, Filemón Arcos “Monchi” y Marco Antonio Muñíz en representación del cautivado pueblo. Y también muchas, muchas bellas damas. Yo fui testigo.
Como olvidar el improvisado, de ultima hora, mano a mano con Jose Mari Manzanares ante los pavos de Llaguno en la plaza México, eso fue de cátedra, de maestro para el público y de doctor en lecciones toreras para su compañeros.
Pepito Abedrop debe estar despierto en este momento.
En pleno septiembre tricolor,
una plaza se recrea,
al partir el ruedo en dos,
un charro gallardo torero.
Es ahijado de Romero.
lo atestiguó “Paquirri”
en México y España
sin tanto guiri guiri
Entró al séquito de Manolo
dando poder al diestro
y al Mariano consumado
se le admira en ¡Maestro!
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