Se lidiaron astados bien presentados de la ganadería de Rodolfo Vázquez que representaron una dura prueba para los coletas actuantes, la mayoría cumplió en varas. El primero, cuarto y sexto fueron de juego complicado, con raza el segundo y tercero, destaco el quinto por sus continuas y buenas embestidas.

Hubo un regalo de la ganadería de Torreón de Cañas de menor presencia que fue manejable.

Gerardo Adame: Al tercio, al tercio y oreja en el de regalo.
Christian Verdín: silencio y al tercio.
Paquito Velázquez: Al tercio y al tercio.
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Triunfar una tarde y la otra también, esa es la filosofía de esta nueva generación de jóvenes coletas que en poco tiempo le pisarán los talones a muchos. Este es el caso de Gerardo Adame quien ayer mostró dos facetas diferentes de su toreo, el de garra y pundonor y el del artista que dibuja tersos momentos cual si la muleta fuese un pincel. Ayer Gerardo Adame volvió a pintarse del color del triunfo.

El primero de su lote le presentó un crucigrama difícil de resolver, Adame estuvo variado con la capa y voluntarioso de muleta, destacó una tanda por derecha y de mano baja. Luego el novillo se quedaba a media altura pendiente del joven y a punto estuvo de prenderlo, abrevió dejando estocada entera y caída para saludar en el tercio.

Su segundo fue un verdadero cúmulo de peligro y sentido, pegó arreones en todo momento y Adame se mostró valiente aguantando enormidades en la cara del astado que estaba al acecho de la humanidad del torero. Se salvó de milagro de dos feas embestidas que hicieron pensar lo peor, afortunadamente el muchacho se superó y luego de deshacerse de su literal enemigo con estocada trasera, volvió a cosechar las palmas desde las rayas del tercio.

Con el de regalo probó nuevamente las mieles del triunfo, cuando parecía que la tarde se iba en vacio, saltó a la arena un astado de escasa presencia de la ganadería deTorreón de cañas que en un principio no prometía nada en pro del éxito del coleta hidrocálido, pero luego se fue a más y Gerardo aprovecho las nobles embestidas para bosquejar chicuelinas de alegrías y revoleras de vuelos mágicos.

Inicio el tercio de muleta por alto, con mando y decisión para rematar con tincherazos sabrosos que encendieron la mecha en el tendido, luego tandas largas y sentidas por ambos lados haciendo que un estruendo de energía se apoderara de la afición de esta su tierra, derechazos de lentitud, naturales de verticalidad y el remate de pecho eternizado. De fondo la pelea de gallos, el júbilo y la algarabía de una afición sabedora de ver el despegue de un torero de importancia.

Mató de estocada entera en buen sitio, pero el novillo tardó en caer hasta el primer golpe de descabello y todo quedó en una merecida oreja.

Llegar a la San Marcos sin sólidos argumentos representa una prueba difícil de sopesar, como fue el caso del joven tapatío Christian Verdín, quien a pesar de su deseo y voluntad no consiguió reunir los elementos necesarios para conquistar del todo a la centenaria de la antigua calle democracia.

El segundo de la tarde , un novillo salió de toriles con brío y alegría y que además recargó con fuerza en los piqueros le exigió de verdad al joven de Jalisco. Verdín dejó ver un escaso poderío en su muleta y todo su esfuerzo no dio frutos, sin un planteamiento definido opto por entrar a matar dejando media caída para irse entre el silencio.

El quinto, un cárdeno claro de hermosa presencia empujó en las varas, embestía con codicia a la muleta y Verdín por un memoneto le corrió bien la mano consiguiendo sonoros olés del tendido, sin embargo no pudo sostener la misma tónica y aquella esperanza se diluyó. El burel seguía embistiendo con la cara abajo pero sin el acompañamiento de una muleta tutora.

Múltiples fallas con el acero, para Verdín el aviso y en el arrastre a los despojos del cárdeno claro, las palmas.

Debutaba en esta plaza el portugués Paquito Velázquez, le correspondió el tercero de la tarde que al igual que sus hermanos peleó con fuerza en los caballos y en la muleta embistió con codicia.

Se nota que el espigado coleta de Portugal tiene estructura en su quehacer taurino, sin embargo es lógico que no encuentre aún el temple que requiere el toro mexicano, por momentos hubo pasajes más emotivos que la gente le coreó, algunos naturales de largueza y aguante en la cara del novillo. Mal con la espada hasta escuchar un aviso y posteriormente el reconocimiento del público.

El sexto fue otro burel que despertó el peligro en el ruedo, primero con un tumbo impresionante a los piqueros, luego ese mismo peligro lo palpó en carne propia el subalterno Alejandro León quien fue alcanzado por el novillo al intentar resguardarse en las tablas provocándole una cornada en la cara interna del muslo derecho de dos trayectorias una de 22 y otra de 25 centímetros.

La labor continuó entre la zozobra y el desencanto, Velázquez le puso voluntad pero realmente había poco que hacer ante las medias embestidas de un burel que salía distraído de la muleta. Luego de estocada, la gente lo invitó al tercio.

Para la semana entrante se anuncia al ecuatoriano José Antonio Bustamante, al mexicano Lorenzo Garza Gaona y un triunfador quienes despacharán en encierro de Jorge de Haro.

Foto archivo: Guillermo Sierra.

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