Enrique Ponce: Silencio y saludó en el tercio tras dos avisos.

Julián López El Juli: Saludó en el tercio en su lote.

José María Manzanares hijo: Oreja tras aviso y oreja tras aviso.

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La gente asistió a la plaza con un entusiasmo desbordado, el gran día… el cartel estrella, la corrida por la que hemos venido de todas partes del mundo, se escenificará mañana sábado 23 de julio, justo cuando el artista de Galapagar, José Tomás, aparezca en la puerta de cuadrillas, y acto seguido… dicte su cátedra.

Por ello, la gente en verdad estaba desbordada de alegría y cuando la gente se desoborda de alegría, pues… todo lo ve bien; lo ve color de rosa, y eso ocurrió en este festejo. No se protestó la mansedumbre borreguna de los astados, algo se reclamó el tercero que fue el más pequeño, pero nada más; y esto es consecuencia de esa inenarrable algarabía que causa ver a José Tomás un día después de este cartel.

Perdonaron, también, que las figuras hubieran puesto contra la espada y la pared a la empresa, para adquirir este encierro, que en otro festejo hubiera sido hecho fritura, ahora… no; ni siquiera al presidente se le dijo algo que ensordeciera a su negada impartición de sano juicio.

Así que José María Manzanares hijo, que es un buen torero, regaló dos faenas agradables a la vista, con pasajes templados, estéticos y sentidos, para después de oficiar con la espada, cortar una oreja en cada ejemplar, y… abrir una entusiasta puerta grande.

El señor Ponce, con su habitual toreo en donde las cuestiones de forma son lo fundamental, haciendo a las del contenido pure, pues hizo dos faenas bonitas, abusando del pico de la muleta en pases con ambas manos que sumaron tan poco y dijeron mucho menos, para que de pronto hicieron acto de presencia el toreo en redondo, y en el caso de su segundo, su principesca poncina, que no es otra cosa que un pase de ballet clásico adaptado al toreo, como si se hiciera en una cajita de música por una prima ballerina interpretando el Lago de los Cisnes de Tchaicovsky; claro que para ello se requiere del toro excesivamente bondadoso… exasperantemente dócil, y justamente ahí estuvo con su espíritu borreguno pasando lista de presente, y acompañando fielmente, al maestro Ponce. Hizo tremendo coraje el señor de Chiva, Valencia, porque no acertó con la espada, y todo lo que pudo haber sido un cortadero de orejas, quedó al final en la casi nada taurina.

Un luchón Juli, estuvo ahí, tratando de aplastar a sus contricantes. Tiene todo con qué hacerlo, y además, para concretarlo, tuvo un par de dúctiles bovinos con los que hizo la delicia taurina, pero la espada en esta ocasión le jugó una mala… malísima pasada, porque su ya famoso julipié no le salió, y se le fueron las orejas que seguramente habría pedido… la desbordada alegría de la asistencia.

Si estas grandes figuras exigieran a los ganaderos menos “agua”… menos “dulce” para la sangre brava, los festejos cobrarían mayor dimensión, y quedarían para el perenne recuerdo, pero así, cuando terminan no queda nada escrito en la memoria, como ocurrió en este caso que nos ocupa; y por tal motivo, en el recuerdo, sólo había espacio para la reaparición, de ese gran artista de Galapagar… José Tomás.

Foto:Muriel Feiner

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