…Pero a los taurinos irredentos como usted y como yo, amigo lector, que por fortuna todavía somos muchos, lamentable y simplemente “nos vale”. A muchos de nosotros lo único que se nos ocurre pensar y algunos solemos responder, es que “nosotros sabemos nuestro cuento” y vivimos nuestra fiesta como eso, como un “cuento fantástico”, algunas veces alucinante, otras decepcionante, pero siempre fascinante.
Sin embargo, a la mayoría de los taurinos que entendemos algo de este “cuento”, sí nos preocupa y mucho, que las cada día más abundantes organizaciones de disque “defensores de los animales”, se sigan encargando de difundir en todo el planeta de los toros, una serie de mentiras y de crear, -con base en ellas- un cierto grado de descontento entre la gente mal informada. Vaya usted a saber si con buenas o electoreras intenciones, se siguen presentando en las proximidades de las plazas de toros a tratar de influir en la opinión pública, para que se supriman o prohíban los festejos taurinos.
Ya en España, esas mal llamadas “organizaciones ecologistas”, han empezado “a salirse con la suya” y han logrado, si no erradicar todavía, sí al menos poner en jaque a la fiesta en una buena parte del país vasco.
No cabe duda que el mal ejemplo cunde y en nuestro querido México, por desgracia ya hay muchísima gente que pretende, a través de “organizaciones” análogas, elaborar y presentar ante el H. Congreso de la Unión, iniciativas de ley a ese respecto.
Es por ello que, a quienes nos gusta y vivimos con pasión este “cuento del toro”, nos preocupa también el hecho de que algunas autoridades de las plazas de toros, muchas veces por desconocimiento y algunas otras de “mala leche”, les hagan el caldo gordo y les den argumentos a los detractores de la fiesta para inventar su propio “cuento”; ¿cómo?, haciéndose de la vista gorda permitiendo que al único gran personaje de la fiesta que es el toro, novillo, becerro, eral o vaca, según el festejo que se lleve a cabo, no se le trate antes, durante y después de la lidia, como dictan los cánones de la tradición taurina para cada evento, y por supuesto, de la conciencia humana, que por si misma, debería ser lo suficientemente fuerte en todos los casos y para todas las autoridades.
Toros o novillos que se castigan de mas durante la suerte de varas sin que nadie lo impida ni lo sancione; toros que se “despitorran” –a veces intencionalmente- para favorecer al novillero o matador en turno; lidia de novillos por toros; lidia a muerte de erales o becerros, por solo mencionar algunas de las que, ya sea por desconocimiento o por malsano interés, son las formas en que algunas autoridades seudo-taurinas, incluso de plazas de primerísima importancia, van permitiendo que esos detractores de la fiesta puedan seguir con su “cuento”.
Por eso, a usted amigo lector, aficionado irredento como yo a este “cuento del toro”, le invito cordialmente a llevar su taurinismo al más alto grado de conciencia y conocimiento de lo que es y representa para la sociedad la fiesta de los toros. Y a que sea esto, lo que le impulse a exigir a quien deba exigirle, el máximo respeto a la más hermosa de nuestras tradiciones.
La fiesta de los toros tan bella como antigua, es además poseedora, quiérase o no, de un ingrediente altamente cultural. Por tanto, es obligación de los taurinos como usted y como yo, lograr que prevalezca y que, así como los defensores de los animales pretenden “salirse con la suya”, nosotros los aficionados a la fiesta de los toros, sigamos por siempre ”saliéndonos con la nuestra” , es decir, la de vivir plenamente y con pasión, “NUESTRO CUENTO DEL TORO”.
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