Tanto que un caricaturista ha plasmado una imagen cómica de lo ocurrido y una gran escritora se ha inspirado en esto para redactar unas líneas con gran pasión.
Pero esta es la gratitud que solo una fiesta tan bella nos puede dar y siempre estaremos en la punta de la lanza, ya que a pesar de que ya ha transcurrido una semana y media aun se habla de lo ocurrido en la corrida de Saltillo, debido al apagón que sufrimos en la corrida de Pablo Hermoso, donde el maestro ha cortado un rabo toreando a la luz de la luna y de cientos de lámparas de celulares que iluminaron el ruedo, en una noche que el mismo Hermoso califico como irrepetible.
Nos congratulamos con esto ya que esta noticia ha recorrido el mundo y se ha filtrado en todos los espacios escritos, de televisión y radio. Es por esto que ahora compartimos algo de lo que más nos llamo la atención, como lo es este escrito y esta caricatura.
Claroscuros de la fiesta: entre la oscuridad y la luz de la afición
Pablo Hermoso de nuevo renovó la alianza romántica que tiene con Saltillo, al torear a luz de las estrellas, la tímida luna que apenas asomaba y pequeñas luces de los teléfonos que como luciérnagas acompañaron al torero, quien emocionado vertió lagrimas de emoción y de encanto: torear bajo la luna como lo canta el pasodoble
FUENTE: CAROLINA MARTINEZ
Saltillo.- Fría, inusual y con un lleno hasta las banderas, la corrida del pasado viernes en la Plaza Armillita se vivió entre las luces de los ternos de los toreros Arturo Macías y Antonio Lomelín y la del resplandor de luz natural que tiene el caballero de Navarra, Pablo Hermoso de Mendoza.
Abrigados en pleno abril, la plaza estuvo hasta las banderas, incluso fuera de la plaza pacientemente una larga fila de aficionados esperaba su turno para entrar, aunque ya se escuchaba Cielo Andaluz y los alternantes hacían el paseíllo.
Pablo Hermoso de nuevo renovó la alianza romántica que tiene con Saltillo, al torear a luz de las estrellas, la tímida luna que apenas asomaba y pequeñas luces de los teléfonos que como luciérnagas acompañaron al torero, quien emocionado vertió lagrimas de emoción y de encanto: torear bajo la luna como lo canta el pasodoble.
Y se enamoro Saltillo, y la gente coreo el torero torero, porque tenía ganas de toro, de fiesta, de música y de cariño.
Luego de la novedad de las primeras caricias del rejoneador a la afición, la gente quería tener mas de ese romance, pero no se entrego a los dos artistas de a pie, recelosa e incortejable, apenas si lanzo la mirada a Macías con su inmaculado terno o a Lomelin con su principesco vestido.
La luz regreso, y con ella la claridad, luego del embrujo nocturno, la luz limpio el embeleso, pero no el cariño hacia Pablo Hermoso, quien quiso seducir a la afición, pero esta ya había sido suya, se él había entregado y el torero navarro sabe que no importa cuánto tiempo la deje sola, ella, su afición lo lleva en el corazón, fiel, paciente, inmaculada dispuesta al amor del único rejoneador que se ha apoderado de la plaza sin arrebatos, sin mentiras ni lisonjas.
El novillero a falta de toro a modo, la compensó con la tenacidad y pundonor, con la necesidad de salir no sólo a cumplir, si no a demostrar que en su corazón hay ´mucho torero, que en sus manos el arte tiene cabida y que a pesar de la inscomprensión del público, dar la cara ante la faena adversa incluso es de admiración torera.
Que fría se ha quedado la plaza, pero que hermosa es cuando hay gente en su interior que aun en la oscuridad y con el clima desafiante, inamovible permanece en su lugar a ver al amante caballero navarro: Pablo Hermoso de Mendoza.
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