Los de Guanamé bien presentados, empujando duro en los caballos, pero con un ultimo tercio sin mayor lucimiento. Los de El Junco por las mismas.
En el cartel estuvieron colgados Rafael Ortega, Fermin Rivera y Gerardo Adame.
Rafael Ortega.
Ortega cumplió bien con su lote, que ha sido por desgracia el mas malo del encierro. Sus dos enemigos no le permitieron lucir en faenas bien estructuradas y solo tuvo detalles.
Fermín Rivera.
La cuota de arte la tuvo este buen torero mexicano que, en ambos casos escucho palmas. Se vio concentrado y comprometido con la fecha, la plaza y la afición cosa que se agradece. Su primer enemigo le permitió tener un poco de mas lucimiento aunque el toro se le revolvía, de manera tal que un sustillo en un revolcón se llevó. Buenos lances con la capa y muletazos sueltillos y de uno en uno pero con temple y profundidad. La espada en su primero quizás le privo de una posible oreja y saludo en el tercio. Con su segundo no tuvo mucho que hacer, el toro no tenia un pase. Aun así estuvo porfiando y profesional como lo es trato de darle lidia. Las cosas no pasaron a mas y escucho algunas palmas.
Gerardo Adame.
El hidrocálido supo aprovechar bien su aparición en el cartel de hoy. Serio y con voluntad salio por todas y con el primero de su lote pudo hacer valer su conocimiento y técnica El toro fue bueno a secas, le permitió hacer y aunque de repente se daba parones, Adame aguanto bien y sin moverse pudo echar pa’lante en un par de buenas tandas que merecieron aplausos por el respetable. El toro de repente huía y buscaba aquerenciarse en tablas, sin embargo Adame bien dirigido desde el callejón se hacia de el y lo llevaba a terrenos donde podía darle al menos un par de muletazos antes de que el toro volviera a huir. La gente supo apreciar el esfuerzo y le pidió con fuerza una oreja, que Adame recibió con gusto, aunque fue pitada en su vuelta de agradecimiento Con el segundo la faena se hizo mas bien de aguante mas que de arrimón. El toro no tenia mucho juego y Adame le piso terrenos comprometidos. Era el sexto de la tarde, sus compañeros de cartel poco habrían podido hacer ya, y con el deseo de verle triunfar, y tras una faena de valor y una buena estocada le pidieron con fuerza al juez que concediera los dos apéndices. Salió en volandas.
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