Y esta vez no ha sido la excepción, cuando ya habían desfilado Ignacio Meléndez y Mauro Prado entre los fuertes mexicanos, aparecieron Moisés López frente al cuarto ejemplar y José Isabel Prado, con el cierra plaza, y le han dado la brillantez a la Feria de Texcoco al contribuir a los triunfos de Eulalio López Zotoluco de dos orejas y Joselito Adame, rayando en la intensidad aunque no fue medido con el mismo rasero y obtuvo un apéndice.
El español Juan José Padilla, salvo un tercio de banderillas, anduvo en el naufragio.
Y es que si algo distingue a la ganadería de Xajay es la presevación de bravura, aunada a la presencia y búsqueda del toro artista, en un llamado toro completo que difícilmente se da en cualquier campo.
Esta vez la prontitud de embestida apareció en los primeros tres ejemplares en los que tras un capotazo largo iban de lleno al ataque de cabalgaduras. A algunos piqueros los tomó el hecho por sorpresay no obstante el prolongado castigo todo quedó en la apariencia al cambiar el tercio.
Así como resultado del primer capítulo, Lalo escuchó palmas, Padilla silencio y José, petición de oreja; lo mejor vendría a continuación:
El perlino Nogal corrido en cuarto lugar se encontró con la vara de Moisés López y se lo ha dejado a su primo Lalo de campeonato para trazar una faena por los adentros, de las tablas al tercio. Bastó probar en un palmo de terreno el recorrido del toro para recrearse dentro de la angustiante seriedad para meterlo en redondo.
Fue tan claro el asentamiento de Moisés que Zotoluco se alternó los lados en cada tanda y darse el lujo de realizar un desplante retador. Mentalizado en el triunfo aguantó un paso hacia el frente del burel para encontrarlo a un tiempo en medio espadazo.
Tardó en ceder la bravura, pero como el clima lo había puesto a favor, se le otorgó una oreja y vino la otra al obligar al juez Gilberto Ruíz en concederla. Bendito puyazo.
Padilla nunca se confió en su lote. Si aceptó banderillear al quinto fue porque el panorama lo tenía en contra. Cuarteo, Sesgo y par Al violín le congraciaron, no así al tomar la muleta ante el agarrado al piso Cedro, despachado de tres cuartos arriba merecedero de palmas.
La faena que reúne el termino feria se dio con el cierraplaza: emotividad de Fresno, frescura clásica en el toreo de Joselito y la música de fiesta en “Pelea de Gallos”. Claro, la vara de José Isabel Prado fue determinante para satisfacer a unos dos mil espectadores.
Le pidieron quitar por “Zapopinas” y les complació, pero lo más importante ha sido la expresión torera que trae consigo Adame. Pegado a tablas, rodilla en tierra alternó señorialmente embestidas, selladas con un soberbio Trincherazo. De ahí avanzó al campo abierto y también hubo respuesta Xajay.
Ejecuciones por derecha e izquierda de sello personal retumbaban el efecto de José Isabel al medido castigo. Hubo necesdidad de repetir La Pelea de Gallos de Juan S. Garrido porque el público no paraba de corear el ¡Viva Aguascalientes!.
El silencio se concentró al montar la espada. Media ración en lo alto esperanzadora de efecto, pero hubo de requerir del descabello y tras certero golpe estalló la emoción. Los espectadores querían premio, una, dos o las que fueran para unirse al festejo. Una, suficiente, que el jolgorio todavía retumba.
Templar dos metros y cuarenta centímetros de madera en la mano derecha tiene su gracia, bendita.
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