Aunque Eulalio López “Zotoluco” y Diego Silveti respectivamente hayan cortado oreja; así de ese tamaño ha sido la decimocuarta corrida, con los de Don Fernando de la Mora.
La diferencia al usar el cernidor se finca como el colar arena para construcción: de un lado queda la áspera, que siempre es mucha y, al otro, la fina. Sin importar que a las dos se les aproveche.
Y es que la faena de José Antonio terminó en Morante Camacho rubricada con El de la Puebla.
Antepuso sentimiento a la movilidad simple, inspiración al mecanismo y como buen gitano, se ha dejado llevar por los Duendes. Veamos:
De un público filtrado por unos 17 mil espectadores ha establecido interpretación por cánones, dándole sello a cada suerte. En Morante los Molinetes, natural e invertido adquieren otra imagen.
Su Afarolado ondea diferente; el Cambio de Mano se torna especial y, el correr la mano tiene mágico toque, pues le ha sacado partido a un toro que jamás lo tuvo, pero cuando se está bajo el embrujo las dimensiones son asombrantes.
Todo lo hizo en un palmo de terreno. Tras el Medio pase por delante dirigió las embestidas meciendo a su antojo el ambiente bajo la luz de la luna; el duende siempre adquiere respuesta.
Metió la espada y jamás renunció al efecto. Tardío, al sonar un aviso, pero sin desprenderse de la faena, tomó la puntilla y brindándose en cortesía, sumiso, dando el frente, cobró alegrías en el segundo intento.
Lo blanco en pañuelos opacaba las sombras. La emotividad sobre sillbatina. Y hasta el juicio puso a cada quien en su lugar: el del neófito juez ante sensible culto, ese que se rinde solamente a los elegidos.
Otra cara, la que confunde al público, surgió en su primer toro. Al tomar dos varas empujando hasta las tablas al picador y desmontarlo sin deshacer la suerte, “Carretero” quedó con poder.
De ahí que en cinco minutos de faena sólamente se escuchara un Ole, tras destroncar y como requirió del par de estoques, el sonoro abucheo dejó escapar el descontento de aparentes conocedores.
Abrió plaza con fuerza “Zotoluco” al ganar terreno del tercio hacia las tablas con el capote en rítmicas Verónicas y, al encontrarse con un excelente lado izquierdo terminó explotándolo en redondo hasta la querencia.
Su formidable estocada le dio la merecida oreja. Sin embargo no pudo redondear actuación al toparse con flojo cuarto de sorteo que además punteaba. Par de largos Tirones y el perder constantemente las manos desanimó al torero.
Perpendicular caída. Palmas y pitos al astado “Seda Gris”, que al repetir nombre, en nada se comparó con aquél que bordara Ortega Cano en esta misma plaza al cortarle las orejas.
Diego Silveti se llevó el lote de la corrida. “Andasolo” hizo honor al bautizo y a su raza. Nada más poniéndole el capote o la muleta embestía noble las veces que le permitiera su matador calando fuerte el trasteo.
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