Corredor de la legua, intrépido espontáneo y probador en festejo de selección impuso un nombre en lo más alto al llegar a La México; una placa en los alrededores atestigua sus primeros firmes pasos al unir a un primerísimo actor con el singular torero ¡Arriba El Pana! pondría Doña Nieves el nuevo fondo musical.
En el ruedo un personaje: coleta trenzada, un inseparable puro y sobre el hombro capote de paseo suelto. Ante el toro un creativo, inspirado y lírico quintado en torero haciendo suyas las suertes de capa, banderillas, muleta rematadas, no siempre, con la espada. El número de toros vivos lo llevó consigo.
El carruaje, arrastrado de puntas al partir plaza y detener el paseíllo a medio ruedo sólo a él se le ocurrió, tal como lo hablantín, dicharachero y deformador ocurrente de nombres introducidos en su inigualable caló gitano. Conquistador de talla internacional, en un brindis encontraría al amor de su vida; más tarde el fruto, una hija.
Nada ni nadie le impidieron alcanzar la cima nacional, entiéndase empresas o figuras, si acaso el sueño de confirmar en Madrid quedaría truncado, aunque no el cartel surgido de la noble e imaginable admiración de Pla Ventura haciendo lo imposible por alternarlo con Frascuelo de padrino.
Tuvo la dicha de develar su escultura en plaza y tierra que saben a Pana, Apizaco. Firmó el retiro y el retorno en un mismo instante durante la tarde de su gloria con “Rey Mago.” A partir de ahí dio rienda suelta al romanticismo, la bohemia y los mengues, demonios.
En su historial, de la necesidad hizo lujo: una mujer lo llegó a apoderar, Pastora La Gitana, misma que lo puso en un festejo de temporada. Políglota de propios acentos mas que pronunciaciones. Culto por la universidad de la vida. Elegancia por percha propia, jamás acomplejado.
Torero distinto, despreciado por las figuras locales; admirado por sensibles hispanos. Morante lo colocó en Vista Alegre, Juan José Padilla consideró un honor encontrarlo en la terna y Luis Francisco Esplá, la gracia de empalmarse en sus inigualables destellos.
De Lerdo a Torreón y de ahí a Guadalajara, fue dejando su vida. Treinta días consecutivos tuvo las plumas pegadas al dedo. Y quién iba a pensar que la faena de su vida sigue viva en Aguascalientes, ese toro de Garfias traspasó los cristales televisivos; allá se palpa el toro.
Huele a torero, camina como torero y entra a la gloria como…que se llama Rodolfo Rodríguez González “El Pana.” Dos en Uno.
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