El primero complicado, con la cabeza suelta, y en ocasiones violento; encastado el segundo; tercero encastado; cuarto noble; quinto extraordinario; sexto noble pero débil.

El francés Juan Bautista: Saludó en el tercio y se dio una vuelta entre división de opiniones.
Óscar López Rivera: Saludó en el tercio y abucheado tras aviso.
Aldo Orozco: Pitos tras aviso y silencio.

Detalles:

El banderillero Curro Robles que venía de peón de confianza de Juan Bautista, fue sacado al tercio tras perear al cuarto, por un par a toro pasado y otro… que sólo acabó poniendo una banderilla.

El juez de plaza, Jorge Ramos, correcto al no regalar orejas.

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Una tarde de toros… eso fue, una tarde de toros en la Monumental México, que lució poca cosa, no por el juego que da el toro con su edad, con su casta, ya que todos los ejemplares de Villa Carmela han peleado en caballos, sino por lo poco… poquísimo que le han podido hacer los toreros nacionales, no así el ultramarino.

Así fue, Juan Bautista venido de las tierras francesas, en donde reina Nicolas Sarkozy -quien, por cierto, insiste sin fundamento en elevar a la categoría de política de Estado, el tema de una francesa que vino a secuestrar mexicanos-, ha sido el mejor librado.

Juan Bautista tuvo un primer ejemplar que presentó la dificultad de traer una cabeza suelta, que no dejaba de asestar cornadas a todo lo que tenía enfrente desde salida y sobre todo en las tablas, por fortuna, no se despitorró, y llegó al tercio final, en donde el francés hizo gala de su técnica, extrayendo pases meritorios, y tras su rúbrica salió al tercio para agradecer el reconocimiento del respetable; mejor, si cabe, le vimos en el quinto, un toro noble que le permitió episodios bellos, pero que no acabaron consolidando una faena que conmoviera, y por ello tras un bajonazo, hubo cierta petición, que no llegó a mucho, pero que confundió al propio torero galo, sobre todo cuando hacía el intento de pedir mirando ostensiblemente al juez, para que le diera un auricular, lo que le hizo ver tan mal, porque un torero de su categoría, no puede perder la compostura ni andar solicitando una orejita. Salió al tercio y decidió que merecía una vuelta, que se dio entre división de opiniones.

De los jóvenes mexicanos… lo de siempre, le echan muchas ganas, de eso no hay queja, pero lamentablemente los vemos tan perdidos cuando llegan al coso titular de México, sin saber qué hacer. Cortan un océano de orejas y una multitud de rabos por todas aquellas plazas de Dios, y cuando suponen que ya lo saben todo, y los demás no saben nada, es el toro y el gran público de la Plaza México, quien les pone en su justa dimensión.

Óscar López Rivera anduvo queriendo intentar todo, pero al final no pudo conseguir nada. Sobre todo con su segundo, el quinto del festejo que ha sido el mejor toro del encierro, con el que si hubiera podido habría conseguido la faena consagratoria, que le hubiera llevado a reencontrarse a plenitud, pero… nuevamente ese avasallador pero, y ese desolador hubiera y ese nada elocuente habría, que nos recuerdan que una cosa es lo que se supone y otra lo que en verdad pasó, y si bien es cierto que existieron momentos interesantes, fue un toro para conquistar todo, y todo… volvió a quedar en las intenciones.

Aldo Orozco, se vio en un ruedo sin límites sin día, extraviado en una oscuridad con dos toros a los que había que dominar, mandar, y sin embargo, sin poder concretar, le vimos embarullado, rapidillo, sin asentar no sólo las zapatillas sino el propio espíritu. No entendemos a dónde quedó aquel muchacho que cuando novillero, escribió en esta monumental plaza, una de las faenas más bellas, y como matador no ha podido encontrarse.

Su apoderado Paco Calderón lucha incansablemente por hacer que toree en todas partes. Consiguió que Aldo regresara a la Plaza México tras cortar una oreja protestada que tuvo que devolver de inmediato, y ha luchado también mucho, porque toree por todas esas plazas llenas de entusiastas parroquianos, de nuestra hermosa provincia, aunque creemos que tampoco basta con cortar muchas orejas en esos cosos, porque la realidad asoma otra cosa.

Hace ocho días voluntarioso, entregado, porfiando en Guadalajara con complicados ejemplares, ahora voluntarioso, entregado, porfiando con encastados toros en La México, pero… ¿qué más? ¿Acaso eso es todo?

La realidad de la Monumental Plaza de Toros México… en definitiva, es la que pone a todos en su lugar, y habrá que entender de esto si no se quiere acabar perdido totalmente. Dado lo anterior, creemos que deben entrar en un serio análisis todos los toreros mexicanos, a través de la edificante autocrítica, porque lo más sencillo es responsabilizar a los demás de sus errores, olvidándose que cada uno somos arquitectos de nuestro propio destino.

Foto: Julián Herrera

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