Por la notoria falta de casta y la ausencia de bravura, el quinto salió con el pitón derecho fracturado, y cuando fue al piquero, al estrellarse con el peto acabó por despitorrarse, por lo que salió un quinto bis, que procedió de Villa Carmela, otro ejemplar muy bien presentado, pero que tuvo el mismo defecto de la ganadería titular… manso y descastado.

El francés Juan Bautista: Silencio en sus ejemplares.
Alberto Espinoza: Saludó en el tercio tras dos avisos y saludó en el tercio.
Fermín Rivera nieto: Silencio y silencio.

Detalles:

Resulta INADMISIBLE y REPROBABLE que el juez de plaza, Gilberto Ruiz, según se comentó insistentemente, conocía que el toro que hizo quinto, estaba fracturado del pitón desde el entorilamiento, y aún así permitió su lidia.

Habrá que tener mayor atención en el manejo de los caballos percherones que trasladan a los toros con el cachetero, porque nuevamente se desbocaron peligrosamente, hasta que su amo, el matador Marcial Herce, pudo controlarlos.

El banderillero Alfredo Acosta, saludó en el tercio para agradecer la ovación tras parear al segundo.

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Han pasado una veintena de festejos, y la mayoría de los jóvenes toreros mexicanos, si bien es cierto que casi todos han mostrado que saben torear, lamentablemente, han enseñado una falta de actitud que ha rayado en el absoluto aburrimiento en sus comparecencias. Por otra parte, una cosa es la plausible actitud de cumplir el reto exponiendo la piel a través de un toreo de gran dignidad, y otra cosa es, que, algunos, hasta se pongan a torear al tendido, con faenas jocosas pero intrascendentes, de mero relumbrón, con las que abusan de la buena fe del gran público, lo que a la postre no deja huella.

Toros buenos hubo, toros regulares pasaron y toros mansos y descastados vimos, y a todos les pudieron, pero lo alarmante… es que NO DIJERON NADA, y quien no tiene la capacidad para decir algo, lamentablemente no existe para el futuro, ya no sólo inmediato de la Fiesta, sino para su propio porvenir.

No obstante, en medio de esta mar de incertidumbre taurina, lo que vino a dejar muy en claro Alberto Espinoza, ha sido una actitud que estuvo toda la tarde por encima de sus pésimos ejemplares; es más, su primero que desarrolló sentido, le fue avisando por el lado natural que iba hacer por él, y eso acabó ocurriendo… le dio tremendo arropón, por fortuna, sin consecuencias, ya que de inmediato el señor Espinoza se incorporó y fue pleno de seguridad a la cara del toro, para proseguir extrayendo agua a esa piedra llena de mansedumbre, que además, por la falta de casta, impedía embestir a su ejemplar. Penoso resultó en sus dos comparecencias que estuviera desacertado con el acero, por ello, escuchó dos avisos en su primero, pero dejó en el ánimo del respetable la actitud bien entendida y por ello, exigieron su presencia en el tercio para agradecer esa valiosa disposición con la que no quiso abusar, sino por el contario demostrar del por qué su estadía en los toros.

El potosino Fermín Rivera nieto, se topó con un primero que al principio albergó esperanzas, pues aparecieron bonitos lances y un vistoso quite por navarras, pero en el tercio final comenzó a desarrollar sentido, y estuvo espiándole para buscar herirle, por lo que mejor abrevió, quedando todo en el aleccionador silencio; sí… quiso hacer más en su segundo, un hermoso cárdeno claro que le permitió más, pero con el que poco pudo hacer, la evidente falta de experiencia se hizo presente, y si hubo momentos interesantes, acabó terminando por aburrir, y tras una estocada muy trasera, y el uso del descabello permitió que todo concluyera en el silencio, que debe ser muy difícil aceptar, sobre todo, si se llega con todas las ilusiones por delante.

Pero a quien no acabamos de entender… el por qué de tan fallida comparecencia, es al señor francés, Juan Bautista… Jean Baptiste Jalabert, a quien le vimos con su primero extraviado, por momentos falto de aguante, y dejando una muy mediana actuación, con la que por supuesto no logró interesar a los tendidos; y si con su primero no pasó mucho, menos con el cuarto del festejo, en donde estuvo entusiasta pero insaboro, el aburrimiento a tope, y así no pasará a la posteridad. Sí, podemos decir que estuvo presente porque le hemos visto deambular por el redondel, pero para los hechos taurinos inmediatos… dejó tan poco, que le deseamos bon voyage.

Lo que si no podemos aceptar sino reprobar y reclamar a las autoridades es que si el juez de plaza conocía que el quinto toro estaba fracturado… ¿por qué aceptó que se lidiara?

¿Para la autoridad el público no merece respeto?… sin palabras.

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