El que por cierto sigue sorprendiendo a quienes visitan el baúl de sus tesoros que tiene asentado en el Casino Español, ese palacete que está anclado en el Centro Histórico de la Ciudad de México, en el número veintinueve de la calle que lleva el nombre de aquella reina que fue mecenas de aventureros marinos y conquistadores Isabel La Católica, y ya que me refiero a la exposición de este artista de los lienzos, los oleos, los acrílicos los pinceles, las espátulas, los pasteles, los lápices y los carbones, le sugiero a usted llegar con los dólares desenvainados lo antes posible por que la muestra pictórica tal vez en unos diez días, que puede ser como por el día diez o chance uno de pilón podría remontar el vuelo a la España origen de las joyas y no le vaya a pasar a usted que ese cuadro que en sueños ha acariciado ya se esfumó o como decimos aquí ya ‘pelo gallo’ y lo peor va a ser la muina que le va a causar a usted verlo colgado en la pared del cantón de algún cuate, así que no la piense y le recomiendo que llegue a la vendimia sobre la hora de la jama, para que ya contento y halagada la vanidad o la inversión que le significará poseer uno o varios cuadros del mágico Diego Ramos, como el altamente recomendable ‘Pecho de Valiente’ pues a celebrar ahí mismo en la cantina del Casino con una suculenta comida de la que si usted nuevamente me lo permite, le recomiendo otro pecho, el ‘Pecho de ternera’ al horno, aderezado con puré de papas y rematado con unos chiles toreados ¡Provecho!

Y bueno retomando el hilo del cartel del 29 eneriano confieso que a mi no me convencía del todo y que conste que no por los de seda y oro que son espléndidos sino por los toros comerciales que fabrica Don Fernando de la Mora y permítaseme subrayar esto que desde endenantes no me gustaba la procedencia del ganado y prueba de ello, es que esto, durante la semana escribí en Twitter que me preocupaba el hecho de que los toros de regalo procedieran de la otrora ganadería de Salitrillo, que es la misma que ayer se lidio con su nombre actual y que conste que la decisión de lidiar el ganado descastado, bobalicón, mansurrón y pa’acabar pronto carente de total bravura fue una decisión de Julián López Escobar o sea ‘El Juli’ así que aquí la empresa ni las manos metió, como no haya sido para sacar la cartera y palmar los borriquillos, bueno como sería de fraudulenta la corrida en sus entrañas que el ganadero previendo seguramente lo que se sucedería se hizo acompañar en el palco del abogadazo Diego Fernández de Cevallos y a un toro que se llamaba ‘Venadito’ le cambiaron el nombre a la mera hora por el de ‘Jefe’.

Ante esto pues que decir que los tres de la tercia áurea se toparon con carne de güizache ante la que la maestría de Eulalio López ‘Zotoluco y la sabiduría de ‘Juli’ fueron insuficientes para alcanzar un triunfo, pero ¡claro! sus dotes les alcanzaron para estar decorosos con las telas y desastrosos con los metales.

El que corrió con peor suerte fue el prometedor y próxima figura del toreo Juan Pablo Sánchez quién por un brevísimo descuido dejó que entre su muslo de oro y la muleta colorada ‘entrara’ luz que iluminó el pitón del marrajo y sin más le soltó un gañafonazo que le atravesó el muslo rozándole la femoral y para quienes gustan de las coincidencias les confesaré antes de que se me flameen más las neuronas que al ver ‘el tabaco’ me brinco el recuerdo de aquella tarde de 1974 cuando en un mes non como este, en la corrida trece de aquella temporada como hoy fue la treceava, el inolvidable Manolo Martínez quién vestía de ‘Catafalco y oro’ como el domingo lo hizo Juan Pablo Sánchez, fue alcanzado en la pierna izquierda secamente por un toro llamado ‘Borrachón’ que en los costillares trajo el número 13 y este ‘Barranqueño’ que prendió al aguascalentense también en el muslo izquierdo traía un 13 seguido de un 8.

¡Ah! y algo más, ahora de lo clínico, el valiente y pundonoroso Juan Pablo Sánchez fue operado por un martinista de ‘Hueso Colorado’ médico militar y jaliciense por añadidura el Dr. Rafael Vázquez Bayod quién seguramente constató que la sangre que se le veía al regio y la del hidrocálido lucían en tonos negruzcos, ¿Y que tal las palabras que pronuncio Ricardo Sánchez? padre del torero al enterarse que la cornada que sufrió su primogénito había sido de las llamadas limpias ‘Estaré tranquilo cuando mi hijo tenga cuarenta y cinco años y se haya retirado’.

Y solo una pregunta al excelso galeno Vázquez Bayod ¿Es verdad que el hecho de que ningún paramédico haya saltado al ruedo en auxilio del torero se debió a cuestiones reglamentarias? porque de ser así ¡Urge! que le metan mano a la de ¡ya! al de por sí, anacrónico reglamento taurino.

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