Está próximo a debutar como papá, se encuentra en gran sitio y se lleva carretadas de aplausos entre este fin y próximo año, del público que ya lo identifica por su valentía para cuadrar en la cara del toro.
Es el sobrino de los Acosta: Alfredo, Francisco y Rodolfo, subalternos generales; los dos primeros, banderilleros y el tercero, picador.
Juan Ramón está cumpliendo 12 años de subalterno, el primero de ellos, como aspirante en meteórica carrera. Y el domingo pasado salió a jugárse la vida entre los descarados pitones del cuarto astado de San Marcos, lidiado por el español Ruíz Manuel.
Bastó un capotazo de su tío Paquiro para observar al remiso, por lo que decidió sesgar hacia las afueras en el primer par. Banderillas igualadas y arriba, le animaron a cuartear en el cierre de tercio; nuevamente, igualadas en lo alto, ganando por facultades físicas el burladero ante la persecusión del Sanmarqueño.
Y fue el propio matador hispano en reconocerlo para que Saldaña Acosta recibiera la sonora ovación.
“Había que jugársela, pues desde que recibí la noticia de que pronto vendrá mi hijo, he tratado de cuidarme físicamente. Eso me ha motivado para salirle al toro; no esperarlo. Ya se dice en la fiesta: Hay que salirle al toro y cuadrarlo bonito; yendo hacía él y no hasta que te lo pongan al gusto“.
La primera salida al tercio la logró Juan Ramón al intersectar con el capote, milagrosamente, el viaje del toro que a punto estaba de herir a Fermín Spínola, en la misma Plaza México, tiempo atrás.
“Ahora ha sido diferente, pero también muy bonito, con las banderillas. Es el mejor brindis que he hecho en mi vida, por la llegada de mi hijo“.
Pues ya está en el ánimo de las peñas que corean su nombre, Juan Ramón Saldaña de la Dinastía Acosta.
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