Material hubo para el corte de apéndices: cinco ejemplares de El Vergel ofrecieron buen juego, no obstante las condiciones del ruedo a causa de las continuas lluvias.
Y es que ha sido gran mérito la actuación del zacatecano al romper el hielo con el abreplaza al que le tomó la palabra, “Compadre“, noble, claro y de despaciosa embestida, al que Escobedo aportó serenidad y temple, calando en el ánimo de unos tres mil espectadores.
En dos Medias Verónicas en remates, al recibo y quite, dejó ver la tersura del capote. Y con la muleta, pulso para encausar el lento paso sobre ambos pitones. Un Molinete, el de Pecho y Derechazo, por lo rítmico, le proyectó al triunfo al firmar con Riverina y muletazo de vuelta entera por derecho.
La culminante escena cobró fuerza al volcarse sobre la cruz con el acero de efecto inmediato, transformado en triunfal oreja y arrastre lento para el vergeleño, ordenado por el juez Chucho Morales, bajo asesoría de Juanito Vázquez.
En cambio, poca fuerza y poco juego tuvo el cuarto de la tarde que no fue fiel al bautizo de “Cumplidor“. Luis Ignacio agotó los recursos con capote y zarga hasta cobrar un pinchazo y entera, suficientes para agradecer las palmas, y, en silencio el arrastre.
Cerebral y creativo estuvo Llaguno con los avíos de torear intercalando a la justa medida Chicuelinas y Cordobinas al quitar. Y Fernando García obtenía salida al tercio por dos cuarteos en todo lo alto. Brindis a Juan Salvador y a ganarse los medios.
Ahí citó para iniciar con Cambiados intercalando el de Pecho y Trinchera. Y bastó un largo muletazo de Tirón, recortado para centrar la atención de la faena. Por ahí surgió un fenomenal Cambio de mano por la cara y un Desdén en firmas al toreo en redondo.
Ese buen lado izquierdo, descubierto por su director Jaime Alvarez, administrador de Xajay, fue explotado en todos los terrenos, pero el par de pinchazos y una entera aguardaron los pañuelos; no así las palmas para recibirlas al saludar desde el tercio, tras el aplauso en el arrastre.
Los Parones recortados al final de cada viaje fueron símbolo del sitio logrado por Juan Pablo. Ahora fue Jorge Luna dejando al descubierto su poder para colocar las banderillas y recibir la ovación en el tercio. Soso y dejándose encontró el queretano en serie, la emoción al mandar.
Tandas largas y en un palmo de terreno cuando se quedaba corto “Condenado” fueron símbolo de aguante al ir hacia arriba la faena, identificándose con el público que responde en cada Olé el agradecimiento al planteamiento claro del chiquillo.
Y cuando todo estaba puesto en el horno triunfal vino una serie de pinchazos que fueron apagando el fuego; no así la admiración ganada por el artista torero, despedido entre palmas al surgir el aplauso en arrastre. Juan Pablo ha creado una imagen sólida novilleril.
Por alguna circunstancia “El Gaby” salió tarde a la cita con “Comino“, prolongándose el tiempo de salida; el silencío lo rompió el subalterno Apolinar Mendoza al resbalar en el ruedo, rescatado por Escobedo en providencial quite. Un pase de Pecho y par de derechazos alcanzaron a sobresalir. Pinchazo y entera a cambio de palmitas.
Y “Vencedor” hizo honor al nombre al no cansarse de embestir; su raza tuvo lucimiento en el soberbio puyazo de César Morales; y en una de esas pa´rriba se fue “El Gaby” lesionándose el codo izquierdo, sin sobresalir con la muleta. Tres cuartos en buen sitio transformaron el silencio en división de opiniones. Los aplausos, para el novillo.
El último torero que puso en órbita Zacatecas fue Jorge Carmona, aunque por poco tiempo, de ahí que el panorama que está creando Luis Ignacio Escobedo, bajo la batuta de Ernesto Belmont, pinta para hablar nuevamente de la Tierra, de Toros y Toreros.
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