Estarán al lado de actores y cantantes, para integrarlo al núcleo de artistas, el próximo 19 de noviembre.

Humberto reúne esa infinita gama de sensibilidad en su gusto por darle a la pintura, vida y no sólamente a través de la imaginación, sino plasmándola, tanto en el lienzo como en el ruedo, donde aflora su sentimiento.

Es el heredero y prolongador de una inventiva armónica jaliscience de un hombre que quizo ser cantante y no renunció al privilegio de su voz para corear sus inventivas, el gran Pepe Ortíz, dueño y señor de Tapatías, Guadalupanas, Ortizinas, tan bordadas en Oro como su inmortal Quite.

Cuentan que Pepe trató de llenar el espacio de un foro en sus deseos de cantar, al tiempo que Don Pedro Vargas pretendía ingresar a las lides de los toreros; al fín contemporáneos, condiscípulos y entrañables amigos, hasta que un día intercambiaron papeles: Pepe tomó los avíos y Pedro, los micrófonos; gran éxito.
Unas cerdas son su base para llenar de imaginación cuadro a cuadro cuando la envolvente musa le extrae la última fibra, y así surgen Florentinas y El Jazmín, entre otras obras, recreados en la arena, mientras gozoso público acompaña el deslizamiento del pincel.
Fui testigo como el maestro Humberto Peraza vaciaba yeso sobre las manos de Silverio Pérez, inmortalizando aún más, El Tricherazo, en sello de toda una época de los años 40; ahora se admira dentro de las instalaciones de los matadores.

Es el camino de los artistas: fundir en metal lo que son capaces de emitir, lo que nunca se olvidará; ahí están, en piano, la música de Agustín; los lances de Ortíz, la agradecida voz de Don Pedro y las Flores de Humberto.

Que este sea el estímulo para crear y recrear tardes ante la inminente Temporada Grande de la plaza México.