San Luis Rey de Francia es el santo patrono de tan singular fecha, 25 de agosto, del que fue cobijado desde el nombre hasta la fe, pasando por todos los milagrosos de ejemplares vidas.

El Soldado no tuvo empacho alguno para decir con la boca lo que le viniera en gana y mucho menos, vestido de torero, al desatar la ira, reprobación y maledicencias de quienes horas antes pagaban un boleto por verle; garantía de admiración. Querido y odiado; si se lo hacía a sus propios compañeros, cómo no iba a enfrentarse ante el monstruo de mil cabezas.
Esa recia personalidad del señorón Castro rebazó sets y fronteras, pues cada vez que toreaba en el norte mexicano provocaba la visita de las más hermosas mujeres de Holywood; él mismo lo cita en Los Machos de los Toreros al autor José Pages Rebollar, cuyo texto del libro menciona a Ava Garner, Rita Haywort y Marilyn Monroe como las más bellas aficionadas que se deleitaron con sus faenas, sino es que con la osada presencia.
Nació un 25 de agosto de 1912 dentro de Mixcoac, uno de los barrios más prolíficos de toreros, y tan cerca de un cuartel que lo identificó con aquellos militares del rumbo hasta agenciarse el sobre nombre que lo identificara tanto en México como España.

Acompañado del número 2 hizo su debut en marzo del 1932 con Francisco Aparicio, sin embargo lo importante fue el sumar 22 novilladas en El Toreo de La Condesa a lo largo del mismo año.
Un gitano de ojos verdes, Joaquín Rodríguez “Cagancho” le otorgó la alternativa en México un 5 de marzo de 1933 con los toros de Coaxamalucan en presencia de David Liceaga, pero la guapura lo llevó a España a tomar un segundo doctorado, ahora de manos de Rafael Gómez “El Gallo” al cederle un toro de Carmen de Federico en Castellón de la Plana al siguiente año.
Ello sucedía en los tiempos en que el toreo mexicano se había apropiado del gusto español en la plena Iberia. Ahí se asientan los mano a mano entre El Soldado y Lorenzo Garza; uno de ellos, el más significativo tuvo lugar en Las Ventas de Madrid: Don Luis entró a matar con pañuelo en mano, por lo que El Magnífico tuvo que hacerlo a cuerpo limpio para igualar la gesta.
Era todo un elenco de mexicanos con Fermín Espinosa “Armillita”, Carlos Vera “Cañitas” y junto a ellos el novillero de moda, Silverio Pérez…hasta que se produjo El Boicot del Miedo hispano al acaparar los mexicanos los principales carteles del 1936.

La manida actitud de Domingo Ortega y Marcial Lalanda no frenó las inquietudes del torero de la cuartelera. Y tan fue así que al inaugurarse la monumental plaza México el 5 de febrero de 1946 la base del cartel fue Luis Castro, acompañado de Manuel Rodríguez Manolete y Luis Procuna para despachar los astados de San Mateo, como también le correspondió hacer lo propio al abrir por vez primera El Toreo de Cuatro Caminos, un 23 de noviembre de 1947, ahora con Lorenzo y Jorge Medina y nuevamente astados de San Mateo.
Soldado de mil batallas en 430 actuaciones en las que se encumbran Las Siete Verónicas de Marmol a “Porrista” de Torrecilla un 7 de marzo de 1944.
Y aquella fenomenal bronca al negarse a matar a “Corvejón” de San Diego de los Padres un 11 de enero de 1942, dejando el ruedo tapizado de cojines.

El dolor de una cornada ante “Buena Suerte”, qué paradoja, al destrozarle los intestinos. O la de “Calao” de Piedras Negras el 22 de noviembre de 1942 al romperle la femoral.
Sandoval fue su segundo apellido del torero que fincó históricos carteles como el de los Luises con Procuna y Briones; el de la eterna rivalidad con Lorenzo o, el que conjuntaba personalidades opuestas con el maestro Fermín.

Para todos tuvo Luis desde su trinchera hasta que al salir de una entrevista televisiva dejaba huella un 13 de noviembre de 1990.
Marcha firme de todo un valiente.

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