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Apuntes de mi libreta taurina > Recordando el 2011

Recordando el 2011

Publicado por DonLibretas el 13/1/2012
Recordando el 2011
[Don Libretas] Cuando empieza un nuevo año, lo confieso, tiendo a hacer “corte de caja” del año terminado; el 2011 no fue excepción y el resultado fue triste.

Te cuento, querido Toro es Toro: murió la fiesta en Catalunya, la bellísima plaza Monumental de Barcelona no se cimbrará más con el estentóreo olé de sus aficionados. El pretexto de una fiesta sangrienta no es argumento contundente, pues en algunas regiones de la Autonomía Catalana se practican crueldades realmente infames contra los toros bravos, con las astas encendidas son perseguidos por personas que les lanzan dardos hasta que terminan muertos de miedo y humillados de una manera infame, todo esto en fiestas protegidas por lo que en México llamamos “usos y costumbres”.

En lo particular perdí a dos grandes amigos y la fiesta perdió a dos personajes, quienes desde sus respectivas barreras enriquecieron la fiesta con su amor y dedicación a ella. A principios de diciembre me sorprendió la noticia de la muerte de Armando Rosales El Saltillense, devenido al fin de sus días en uno de los mejores profesionales de la fotografía en este arte creador de bellas y efímeras imágenes que es el toreo. Cundo novillero y en un incidente propio de esa profesión, perdió un ojo, pronto lo sustituyó por la lente de una cámara de 35 mms. que siempre lo acompañaba a todas las plazas, desarrolló un estilo propio al mismo tiempo que adquiría un gran oficio y un profundo conocimiento del laboratorio y de la impresión de las fotos tomadas a todos los participantes en la fiesta del sol, de la arena y de la sangre, principalmente a los toros en el campo. Recuerdo el señorío de una cabeza de toro enmarcada por una luz redonda como la luna de la cual se enamoró el torito de patas que parecían abanico de colores cantado por el poeta granadino. Recuerdo también algunos viajes de Jalostotitlán a Villa de Alvarez acompañando a mi padre y llenando el carro con sus anécdotas y alegría, lo recuerdo también con la humildad de un aprendiz ayudándome a hacerle unas fotos de estudio a su poderdante, paisano y amigo, Jorge de Jesús “el Glison”. Sugería encuadres con timidez y movía las luces con alegría y entusiasmo haciéndome sentir como si yo fuera el maestro, cuando era al contrario. Las tardes en la Monumental Plaza México empezaban al encontrarlo en el sorteo, en el parque de la calle Rodin, donde se reunía con colegas o en el inefable restaurante de la esquina noreste de la plaza, ¿Cómo olvidar la precisión de su cámara en aquellas instantáneas que congelaban los pasajeros y bellos momentos de algún lance? Descansa en paz amigo.

A tan solo unos días de esa pérdida, la parca cargó con otro gran amigo, ganadero, empresario y apoderado, pero sobre todo, un gran enamorado de nuestra fiesta, el potosino Pablo Labastida. A pablo lo conocí siendo el muy joven. La amistad con quienes después fueron sus suegros, la familia Gordoa Mercado fue la que me dio la cercanía con Pablo. Pablo se negaba a dormir cuando todos se iban a descansar después de hablar de toros, entonces era la invitación: “Libretas vente al rancho”. Entonces subíamos a su coche y charlando los pocos kilómetros que separan Parritas de Santo Domingo o las ganaderías Vallumbroso y Espíritu Santo, llegábamos a la casa en la que pasaba más tiempo que en la de san Luis donde tenía su residencia y donde estudian sus pequeños hijos y ahí, en la casa del rancho continuábamos la charla hasta la madrugada a la vera de la piel de uno de los legendarios berrendos de Santo Domingo y al amparo de fotos de su padre, el doctor Manuel Labastida acompañado por diversas figuras de la fiesta. Recuerdo ocasiones en que se escuchaba la fuerza su voz defendiendo sus apasionados argumentos y la fuerte y vital carcajada con que remataba algún chiste o anécdota chusca acompañado de sus amigos y de algunos toreros, como el inolvidable y llorado Chema Luevano. Recuerdo una tienta a campo abierto bajo el profundo azul del cielo del altiplano potosino y la verdad de una afición y amor a la cultura taurina a toda prueba, afición que seguramente continuarán sus hijos, Pablo y Alvaro, dignos herederos de ese amor al campo bravo y a la vida que tuvo su padre. Desde aquí le envío mi amor a ellos y su viuda, mi amiga Paulina Gordoa Mercado quien con entereza de heroína espartana se ha hecho cargo de los negocios y del rancho donde se preserva el valor cultural del toreo. Seguramente Pablo está en el palco celestial desde donde Carmelo se asomaba para ver torear a Silverio, viendo los frutos ubérrimos de lo que sembró. Dios te guarde en su seno amigo Pablo.

Librado Jiménez.



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Autor Hilo