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Manda el Equívoco– Dormita Jesús Morales gana el Desorden, pierde La México

Publicado por Luis Eduardo Maya el 17/9/2017
Manda el Equívoco– Dormita Jesús Morales gana el Desorden, pierde La México
[Eduardo Maya] Jesús Morales vuelve a traer la mala suerte consigo, ya no hallamos la manera de explicar este muy raro fenómeno. El Juez tolera una serie de trapacerías, empezando por él mismo, que premia sin fundamento alguno al atropellante Roberto Román inventándole un triunfo que vuelve a salir de su ya célebre monedero electrónico.

Mansada para la infamia la que manda Marco Garfias que, sumada al dificil clima, hace las cosas más que imposibles en la Plaza México y estrella a un cartel bien conformado así como el propio interés del público.

Si pensábamos que Caparica se llevaría sin discusión la deshonra al encierro más manso de la Temporada, Marco Garfias ha solicitado, tristemente, un espacio en tal categoría. Agreguemos la presencia y tenemos que varios novillos son para ser picados, por su actitud, su clara edad y sobre todo el juego manso que dan.
Pero no, La México prosigue dejando las cosas al garete.

Y es una pena que un cartel que reune triunfadores acabe malográndose, primero, por la decepción garfeña, la ausencia de cabalgaduras, de cuadrillas atingentes y sobre todo de una Autoridad que ordene y que oriente que informe y forme Afición porque también el palco en la Plaza tiene esa función.

Por ello procede darle el trato de Usía, sí, incluso a ese fenómeno llamado Jesús Morales.

Vuestra Señoría deja pasar al horrible castaño tercero, al espantoso, casi un caballo, octavo y hace la gracia de dejar al primer espada en calidad de espontáneo cuando, por alguna razón, toma la muleta, pide permiso y Jesús Morales le autoriza lidiar al penúltimo luego que Carlos Mauricio pareciera llevar un fuerte percance.

Como también Eduardo Moreno “Morenito” está en el celular en dicho momento, no confirma con José Espinosa del otro lado del Callejón si el espada en turno puede o no seguir en la lidia del mencionado garfeño un novillo manso que desde banderillas desarrolla sentido y que deja en ridículo a las cuadrillas y a la autoridad arriba y abajo, en el Callejón y en el Palco.
Un bailazo que provoca la ira del “Huracán Jesús”

Y a dar bandazos.

No creo que al Dr. Samuel Rosete, a Don Alberto Valdez y a Julio Ponte en aquel durísimo callejón de empistolados de los años noventa se les hubiera colado esta situación de autorizar y desautorizar las determinaciones tomadas en un mismo turno que interrumpe la cuenta de los minutos y que vuelve un autentico disloque la más elemental tradición taurina.
En fin no digamos más.
Carlos Mauricio, largo y delgado pero fuerte como un carrizo no atina a dar muerte a su primero con los tres avisos de Morales y es lastimado por su segundo, no cae aun así en desgracia sino en la falacia de estos festejos, pues novillos como los de hoy requieren ser picados, quitémonos de cuentos.
Porque cuando uno juega ajedrez del lado de las piezas blancas, no le entrega antes del primer movimiento los caballos al contrario, ni aun los principiantes. Por ello nos extraña que la empresa no haya tenido el tino de cuidar este cuarteto y poner este encierro en novillada sin picadores.
Aun así, no habría mejorado el panorama para el joven Ibelles que se muestra retrocediendo a comparación de hace un año. Se dobla bien con su primero pero es tan brusco en sus toques, exagerado en el zapatillazo y, principalmente, falto de temple que los novillos, el desclasado primero y el protestón cuarto, se cobran con intereses su ausencia de claridad y temple interior, incluso en varios desarmes.
Mal con la espada.

Al que le habría venido fenomenal la presencia de las cabalgaduras habría sido a Mendoza.

Y la ausencia del viento.
José María es castigado por Eolo a grado tal que no hay tregua para el capitalino que enfrenta, primero, a un novillo manso como el que inventó la mansedumbre al que un puyazo bien dado habría asentado y mostrado que a la Plaza no se viene a berrear, como una nalgada a tiempo, una basta a veces para calmar al irridento, un buen puyazo tiene casi el mismo efecto.
Aun así Mendoza muestra un buen plan, incluso por momentos, al doblarse poder pero el novillo sale a estropear cualquier posibilidad y el viento horrendo deja sin menor opción al rubio torero que se muestra dispuesto y solvente pero sin opción a triunfo.
Nada mejoraría con el sexto.
Marco Garfias deja lo peor para el quinto, manso y geniudo con el que Mendoza en pleno vendabal se lo alcanza a quitar sin perder la planta, toda la tarde está en la lidia y con ese quinto alcanza a lidiar a como puede a otro astado que debió haber sido picado.

La suerte tan caprichosa deja los dos mejores astados en las manos incorrectas.
Roberto Román muestra todas las malas costumbres hoy difundidas en Aguascalientes.

Alcanza a lucir con el capote a la verónica con el bonito, aunque zancudo, cuarto.

Pero con este muchacho no hay un solo quite o lance que se remate sin achuchón, voltereta o desarme, parece letanía, se hace realidad. Cada intervención tiene relumbrón pero no fondo, ni esas verónicas de inicio, interrumpidas por un inexplicable desarme. Luego votereta tras voltereta, con un novillo de dulce al que estorba con su pésima colocación y al que no cuaja por no ganar ese paso tan necesario al frente.
Todo es rápido y la estocada hace guardia.

Resultado: Oreja… protestada, aun queda Afición.

Entonces, Román cae en el cuento de brindar a la Empresa, César Pastor desesperado le pide concentrarse y no dejar al horripilante sexto, zacudísimo y silleto –solo le hace falta la rienda y el estribo- irse a la querencia.
El novillo embiste y, a la trágala, con infinidad de enganchones, Roberto Román es coreado por las porras, tiene un punto de sabor pero nulo concepto porque se nota que no hay un concepto claro en la Academia de la que procede donde parece propagarse pedir “la de aquí…” y no templar.
Como se hacía aquí.

Gracias a Jesús Morales corta una oreja, sale a hombros y equivocando a varios que le corean como si de Fernando de los Reyes o Miguel Ángel García se tratara. El equívoco se acaba hasta donde nos dejemos, hasta cuando alcemos la voz, por débil que parezca, y como el toro bravo peleemos por que prevalezca la verdad taurina.

Ojalá que esta alcance a Jesús Morales, al oficialismo y a los novilleros.

Hoy, a ciencia cierta, ya no sabemos si hay esperanza.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.
Plaza México. Temporada Novilleril 2017. Quinta Novillada Sin Picadores. Menos de un cuarto de entrada en tarde nublada con mucho viento todo el tiempo, estorba toda la lida y en momento la vuelve imposible, cede un poco en los turnos cuarto y octavo. Fatal el Palco, una vez más: premia la estocada que hace guarda atravesando la espada por un constado al cuarto y la deshilvanada faena al octavo, además, en el sexto tolera que el primer espada intervenga en plena lidia sin confirmar si el tercer espada regresaría o no de la Enfermería, esto con responsabilidad igualmente de la autoridad de Callejón.
6 Marco Garfias, 6 (Divisa Negro, Naranja y Rojo) Terriblemente desigual, con varios espantosos e impresentables por feos como el horrible octavo. Se rescata la presencia del segundo, sexto y especialmente el muy bonito cuarto que resulta el mejor, camina en la muleta el octavo pese a su tendencia en banderillas a doblar contrario. El resto mansos en distintos matices, la mayoría quejándose y doblando contrario.
Sebastián Ibelles (Verde Botella y Oro) Silencio y Silencio tras Aviso; José Maria Mendoza (Malva y Oro) Silencio tras Aviso y Silencio tras Dos Avisos; Carlos Mauricio (Blanco y Plata) Silencio tras Tres Avisos y Silencio tras Dos Avisos; Roberto Román (Obispo y Oro) Oreja con protestas en ambos, salió a hombros.

Horrible tarde de las cuadrillas, de nuevo, Jorge Guerrero por ejemplo incapaz de banderillear, lo mismo que Pascual Navarro, claramente, fuera de la profesión, que falla al banderillear. Tonatiuh Silva incapaz de bregar correctamente al octavo, Juan Ramón Saldaña igualmente desarmado con el séptimo, entre otras tropelías.



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Autor Hilo